Max Murillo Mendoza
¿Qué es lo boliviano? ¿Qué contenidos tiene esa expresión? ¿Qué expresa realmente esa palabra boliviano? Pues nada. Otro mito como el mestizaje. En estos meses de bulla y propaganda se pondrá de moda en candidatos de la derecha, que representan a las colonias extranjeras asentadas en Bolivia. Para ellos no hay indígenas ni campesinos, “sólo hay bolivianos”. Con la palabra boliviano encubren sus intereses de dominación desde el Estado, que está hecho a esa imagen y semejanza de ellos: homogéneo, sin nacionalidades y sin identidades. Por tanto, todo lo “diferente es traición a la patria”, plantear otras realidades por muy objetivas que estas sean caen simplemente en el saco de la traición. Ese era el esquema con el que manejaron sus intereses desde la creación de Bolivia.
Los israelitas tuvieron que inventar su nacionalidad en 1.948. Resucitaron el idioma hebreo, que era un idioma muerto y desconocido, resucitaron su escritura y sus mitos religiosos. Alrededor de eso reconstruyeron su identidad frente al mundo, y no fue fácil porque ellos sí tenían cientos de nacionalidades de donde venían a Israel, después del holocausto europeo. Pero al final lograron un acuerdo de unidad e identidad que les permitió enfrentar sus enormes desafíos posteriores. Es decir, le dieron un contenido a la palabra israelí, no sólo era una representación espacial y territorial, sino cultural y simbólica.
En el caso nuestro son las colonias extranjeras que se inventaron unos patrones de funcionamiento, sin considerar para absolutamente nada a las nacionalidades que habitamos desde tiempos inmemoriales estos territorios. No pudieron eliminar a los habitantes de esas nacionalidades porque eran el sustento de su explotación económica. Por tanto, el tipo de Estado, el tipo de economía, el tipo de organización espacial y social tiene hasta hoy el sello de una ocupación extranjera, sutil y disimulada, con mitos ajenos y estructuras coloniales que no permiten el desarrollo de las potencialidades de nuestras culturas.
La palabra boliviano refleja el encubrimiento ideológico del pensamiento social darwinista del siglo XIX. Es decir blanco (dizque mestizo) y blancoide (cholo), eran bolivianos. Los demás eran indígenas y campesinos, al final ni modo: bolivianos. Las oligarquías se adueñaron de esa palabra para condenar y castigar a aquello que no comulgue con lo boliviano. Ellos mismos siempre responden “somos bolivianos” (hoy se disfrazan folklóricamente de indígenas) pero “descendemos de italianos, croatas, árabes, alemanes”. Intentan desde siempre escapar a esta pregunta, porque no se representan en el fondo con su propia palabra: boliviano.
En este nuevo escenario social y político, tenemos que avanzar en la construcción de contenidos de la palabra boliviano. Todos los elementos necesarios están a nuestro alcance: idiomas, escrituras, mitos, leyendas, héroes y símbolos. Y eso tienen que reflejar las estructuras políticas del futuro, que hoy son totalmente ajenas a nuestras mentalidades y realidades. Sólo de esa manera podremos enfrentar nuestros desafíos posteriores con algo más de estatura, con algo más de dignidad y autoestima frente al mundo. Muchos pueblos del mundo, a lo largo de la historia, pasaron ya estas pruebas complejas, simplemente tenemos que aprender de ellas, de sus mejores ejemplos en la construcción de un Estado que realmente nos represente, y no discrimine a los bolivianos de segunda y tercera categoría.
Cochabamba, 20 de Agosto de 2009.

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