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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA MUERTE DE FACUNDO CABRAL

                                                                                                Max Murillo Mendoza

La muerte de Facundo Cabral subraya una normalidad sangrienta, en el patio trasero de los Estados Unidos. La memoria corta de los medios de incomunicación en América Latina, disfraza esta muerte como si de efectos de esta coyuntura se tratara, y esa manipulación es repugnante por donde se lo vea. No quiero decir que no tengamos culpa de nada, y que sólo el imperialismo sea el culpable de todo. Pues nuestras tragedias son enormes como las colonias y las oligarquías que tenemos por estos lados. Sin embargo, quiero recordarles incluso a quiénes fueron torturados durante la guerra fría y hoy son apostadores de lo “liberal”, de manera ignorante y con memoria realmente cortísima. Aquellos izquierdistas decepcionados de estos procesos sociales, y que hoy son vasallos de las colonias provincianas, deben saber que los asesinos de Facundo Cabral son los mismos torturadores de la guerra fría.

Los Estados Unidos destruyeron el presente y el futuro de los países de Centro América. En su enfermiza misión de salvarles del comunismo y el extremismo, formaron, equiparon, financiaron y entrenaron a gigantescos ejércitos y paramilitares sangrientos, para precisamente frenar el avance del comunismo. Con esa excusa de las políticas de estado de los Estados Unidos, se destruyeron todas las posibilidades de institucionalidad en Centro América. Cobijaron a sanguinarios dictadores, criminales de grueso calibre que siguen paseando por las calles de Centro América. El poder que tienen es impune, como impunes son los patrones en los bombardeos de Irak, Afganistán y Pakistán. Los nuevos procesos democráticos en Centro América son simplemente cosméticos, donde los paramilitares y torturadores de los ejércitos creados en la Escuela de Las Américas, no han sido tocados. Y los miles y miles de paramilitares que han quedado sin trabajo, han ido a fortalecer y servir a las mafias de contrabandistas y narcotraficantes de Centro América. Es decir, todas esas estructuras creadas y organizadas por la CIA y el Pentágono americano siguen intactas, porque ahora deben cuidar que esos países no caigan en manos de procesos sudamericanos, como la de Chávez o Evo Morales.

La hipocresía norteamericana sigue “recomendando” mayor democracia e institucionalidad en Centro América, pues saben bien que ellos son los culpables de los sangrientos procesos latinoamericanos, y que sus escuadrones de la muerte siguen intactos en las esferas de los poderes oligárquicos. La hipocresía norteamericana tiene historial sangriento en lo que considera su patio trasero. Lamentablemente ningún gobierno latinoamericano ha dicho nada al respecto. Creo que se tendría que acudir también a la Haya, para pedir cuentas a las estructuras de poder norteamericanas que son los culpables directos de los sangrientos daños causados a Latinoamérica. La falta de institucionalidad, corrupción e impunidad de militares y policías se los debemos a los norteamericanos. Y por supuesto que hay culpables directos: presidentes, portavoces imperiales, asesores y estrategas gringos. Todos deberían estar en la silla de los acusados por todo lo que hoy están viviendo nuestros países.

La historia de la violencia en América Latina tiene un eslabón y un culpable mayor: Los Estados Unidos de Norteamérica. Es el país que ha enlutado, bañado de sangre, y destruido todo vestigio de institucionalidad en el sur del continente. Eran los objetivos imperiales para debilitar a nuestros países. Tenemos que reconocer que han logrado en parte. Su enorme poder económico ha servido para financiar ejércitos mercenarios, con militares corruptos dispuestos a todo en contra de nuestros estados. También para sobornar a oligarcas y empresarios mercenarios, dispuestos a destruir todo proceso social alternativo. La sangre no importaba. Tenía su precio bien pagado. Y hoy no han cesado de hacer lo mismo. Sus sofisticados engranajes de su diplomacia y sus servidores diplomáticos sirven para eso: espiar, corromper, sobornar y destruir nuestros países. Honduras ha sido el último ejemplo de sus aventuras imperiales, y sus nuevos mecanismos de dominio enfermizo.

Los que mataron a Facundo Cabral son los mismos torturadores entrenados en la Escuela de las Américas, hoy sin pega, y al servicio de las mafias en boga, en los ejércitos, se dedican a lo que los norteamericanos les entrenaron: a torturar y matar. Los norteamericanos sólo entienden el lenguaje de la violencia, no tienen otros códigos de entendimiento. Por eso se derrumba su civilización violenta, corrupta y antidemocrática. Si terminaran de destruir este planeta, buscarían otros para seguir destruyendo.

                                                                                      Cochabamba, 12 de Julio de 2011.




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