Max Murillo Mendoza
El 21 de agosto de 1.971, la colonia alemana, a la cabeza del entonces coronel Hugo Banzer Suárez, iniciaba un golpe de estado violento en contra de la débil democracia del general Juan José Tórres Gonzáles, militar de izquierda populista. Las hordas de fascistas promovidos por la embajada norteamericana, con la moda de la seguridad nacional en contra “del comunismo”, empezaron, en Santa Cruz de la Sierra, a asesinar a cuantos ellos consideraban “comunistas”. Para esa osadía colonial se unieron el MNR y la Falange Nacionalista Boliviana, engendros coloniales de la política boliviana que coincidieron en sus afanes de adueñarse de las riquezas del estado boliviano. Muchos murieron. Obreros, mineros, campesinos e intelectuales de izquierda. Las universidades fueron saqueadas y asaltadas por paramilitares y delincuentes a sueldo, pagados por la colonia alemana y dineros de las distintas colonias del oriente boliviano. Esa etapa que inauguraba el colonialista alemán Banzer, será la etapa más corrupta y depredadora de la historia boliviana, denunciada por Marcelo Quiroga Santa Cruz quién después será asesinado por mandato de estas colonias extranjeras.
Las colonias extranjeras, después de la caída de Banzer, se inventaron un partido político: ADN, para tapar los negociados y al asalto al estado organizado por los partidarios de Banzer. El negocio fue redondo, porque en democracia siguieron robando, además en complicidad de las clases a medias de la izquierda boliviana, sobre todo de miristas, emebelistas, troskistas y socialistas de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Estos últimos también supieron cruzar ríos de sangre, no sólo fue enfermedad mirista, y corromperse en todos los gobiernos de la democracia pactada del neoliberalismo. Hoy siguen con el negocio a nombre del MAS.
El papel de la izquierda, en agosto de 1.971, fue nefasto. A la cabeza de los troskistas otra vez se equivocaban de país, con sus lecturas marxistas absolutamente de novela rusa, confundiendo la realidad boliviana con la realidad rusa, o soviética. Mecanicismos que el país pagaría con sangre. Abandonaron a J. J. Tórres y sus intenciones de democratizar Bolivia. Le consideraron traidor y reformista, porque así estaban escritos en sus biblias marxistas. Después entregaron en bandeja de plata el poder a los colonialistas golpistas. Muchos de esos monjes rojos, siguen hoy confundiendo el país con otras realidades, y siguen proclamando la revolución roja, cuando nuestros desafíos son otros, cuando nuestros desafíos son milenarios, no sólo centenarios ni escolares.
Las colonias extranjeras se acomodaron a los tiempos cambiantes, camaleones como son, pasaron de ser golpistas a ser democráticos. Hoy se consideran Autonomistas. Pero son los mismos y esencialmente no han cambiado. Se han modificado, se han puesto de moda. Estas colonias extranjeras fueron los artífices del golpe de Banzer, simplemente siguieron con su ritual de sentirse dueños de estos espacios nuestros. Su patronal manera de ver y ser, no les permiten ver de otra manera nuestros espacios. Están atentos a los cambiantes tiempos; pero no a cambiar sus mentalidades coloniales, racistas y pigmentocráticos. Sus mundos anti liberales y anti democráticos no cambian, y por lo visto no cambiarán ni en tiempos de cambio. Son los mismos que ensangrentaron al país el 21 de agosto de 1.971. Son los mismos que ensangrentaron al país en todos los momentos en que el pueblo estaba en las calles. Las marcas coloniales de sus asesinatos y asaltos al estado boliviano son los mismos.
Estos colonialistas “cristianos”, se ensañaron contra nuestras historias en nombre de Dios, en nombre de nuestra bandera tricolor, en nombre de la “Patria”. Ellos eran la Patria y la Bandera. Ellos eran los representantes de Dios en la tierra. Ellos mataban en nombre de esos sacrosantos mandamientos. Ellos mataban en nombre de Dios. Ellos salvaban al país de los comunismos ateos, y salvaban al país de comunistas ateos, tenían que morir en nombre de esos principios occidentales y sagrados. Ellos eran los salvadores de la “Patria”. Y estos salvadores eran los dueños de nuestros espacios. Y estos salvadores nos dejaron como nos dejaron; destruidos, saqueados, asaltados, sin estado, sin políticas territoriales, sin patrias ni nacionalidades. No merecen perdón. La guillotina sería demasiado poco para estos testaferros extranjeros y extranjerizantes, y occidentalizantes.
Gloria a los caídos y masacrados en el golpe colonialista del 21 de agosto. Ni olvido ni perdón: muerte a sus descendientes y traidores de nuestras nacionalidades.
Cochabamba, 19 de Agosto de 2011.

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