Max Murillo Mendoza
Las colonias de extranjeros asentados en Bolivia, dividieron el país en pedazos económicos, políticos y sociales. Se repartieron sus instituciones como señores feudales, impenetrables como son hasta hora. Le dieron “legitimidad legal” e histórica, hasta hoy también indiscutible según ellos. Las cámaras de comercio no tienen apellidos bolivianos, sino croatas, árabes, alemanes, etc. No existe presencia campesina e indígena. Porque eso está “justificado” por estos extranjeros. Las migajas de sus negocios van a parar recién a los “pequeños industriales”. La política, algo ya democratizado, empieza a recibir gente más popular, incluso indígena; pero sólo hasta ahí. El poder real, es decir el económico sigue en manos de las colonias extranjeras. Nosotros no podemos decidir quién tiene que ir a estudiar a Londres o París, o que inversión tenemos que hacer en función de nuestras estrategias de desarrollo. Y en estos últimos años se organizaron en instituciones secretas (logias, masonerías y mafias) para seguir la moda feudal de no permitir el ingreso de gente rara.
Toda la mentalidad de estas colonias están exactamente reflejadas en sus medios de comunicación masivos: viven soñando y mirando sus países de origen. Su modernidad es de televisión y de periódico. “Son los civilizados” y “los que tienen la llave del progreso”. Su enfermiza manera de demostrar su modernidad choca directamente y frontalmente a un espacio, como el nuestro: Bolivia, que no es precisamente un país industrial y moderno. Su fantasía televisiva vive al margen de todo lo que somos. Es más, es un insulto a todo lo que somos. Viven en una constante fiesta moderna, sus ciudades son burdas imitaciones de lo que “ellos ven en sus países de origen”, y es definitivamente imposible pedirles creatividad incluso en la copia.
Esa manera feudal de organizar y ver un espacio como el nuestro empobreció dicho espacio: Bolivia. Estos señores feudales vivieron siempre a espaldas del país real, no cambiaron en absolutamente nada la lógica señorial y colonial del imperio español. Aprovecharon esas mismas estructuras para seguir el patrón de saqueo y enriquecimiento feudal colonial. Sus discursos se peinaban con las modas políticas: liberales, conservadores, golpistas, demócratas, izquierdistas, movimientistas…eran los mismos. El llamado estado boliviano era un instrumento más de sus objetivos económicos y políticos. Eran centralistas y privatizadores según la época y las imposiciones externas.
Estamos en el momento de desmontar esas estructuras arcaicas y paradójicamente poco modernas de estas colonias extranjeras. Poco modernas porque no les interesó el pensamiento liberal occidental, sino su cáscara, su pinta: lo instrumental moderno: la economía. No querían competencia, sino aferrarse a su poder y a su raza. En estos años de democracia, que fue su oportunidad para cambiar no lo hicieron, la democracia fue una de sus prostitutas más para seguir en su lógica poco moderna y poco liberal. Aparentemente esto se ha roto; ahora urge implementar mecanismo para desmontar estas estructuras. Hacerlas más democráticas y que respondan a las reglas de juego sociales y nuestras. La inercia de todos nuestros centros educativos superiores responde a esas maneras feudales de ver el país. Es cierto que el tiempo todavía es corto, que no se pueden cambiar siglos de mentalidades y malas costumbres, arraigadas hasta la raíz misma incluso de nosotros mismos. Pero urge en dar los pasos, en volcarnos a bolivianizar las instituciones económicas, políticas y sociales. Urge cambiar las reglas de juego “aceptadas” desde hace siglos por imposición de estas sectas señoriales, y eso es posible hoy cuando el despertar de las colectividades corre más deprisa que “la modernidad” de estos grupos feudales. Los liberales ingleses dicen: la costumbre es ley. Pues eso es, que nuestras costumbres milenarias sean hecho leyes, pero para nosotros.
Cochabamba, 23 de Julio de 2009.

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