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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

viernes, 9 de septiembre de 2011

CAYETANO LLOBET: LA IZQUIERDA COLONIAL PERIODÍSTICA

Alguien dijo que la prensa sirve sólo para ensalzar a alguien, o para hundirle. En el caso de Bolivia además la prensa sirve para articular en sus bajos intereses a las colonias extranjeras, que desde siempre pasan por “bolivianos”. Y desde siempre destruyen este país, se avergüenzan de él porque dizque pertenecen a la “superior civilización occidental”. Esta manera gringoide de razonar bloquea toda posibilidad de democracia y liberalismo en el pensamiento y la sociedad en general. Estas castas racistas provincianas no acaban de entender ni darse cuenta en el lugar donde están. Estas son las paradojas de un país como Bolivia: donde nuestras culturas milenarias han sido las inventoras de la agricultura, y las inventoras del dominio de la naturaleza: pisos ecológicos, etc. Y donde no tuvimos suerte de recibir colonias progresistas y de mentalidad liberal, sino cavernarios, asaltantes del estado, gánster y villanos de poca monta, que se enriquecieron al amparo del poder colonial y pigmentocrático. Estas castas extranjeras coloniales y analfabetas son nuestro mayor problema. No el neoliberalismo, no el imperialismo ni mucho menos.

Murió Cayetano Llobet. Y la prensa le hace gala porque sólo ellos escriben en esa prensa colonial. Era necesario echarle flores, ensalzarle como a un dios e ícono de las letras periodísticas, etc, etc. Son las hipocresías típicas de estas clases a medias mediocres y escribientes sobre sus costumbres marginales. Llobet, un doctorcito chuquisaqueño, lavó su conciencia militando en el partido socialista de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Pertenece a esa generación del fracaso, quiénes ya lavaron sus conciencias siendo exiliados y habiendo sacrificado los bolsillos de la familia. Tiempos pasados y románticos, muy al estilo de estas clases medias sin identidad con lo nuestro ni destino estatal existencial. Pero la realidad, la dura realidad, es que estos hijos pródigos regresarán al seno de sus clases y familias, y mentalidades: el racismo, el odio al país profundo, el odio a nuestras culturas, a nuestras vestimentas y a nuestra filosofía. Regresan a su  anti liberalismo, y a sus raíces proextranjeras y prodictatoriales. No entienden de otras democracias. No pueden ver con sus miopes y torpes mentalidades otras realidades, otras lógicas y costumbres. No tienen la capacidad intelectual de entender otras lógicas.

Estas castas utilizan al llamado estado en sus beneficios. Las universidades estatales están inundados de estos personajes sin identidad. La destrucción lenta de estos centros superiores de estudio se percibe como estrategia de estos grupos antibolivianos. Y todo lo que se refiera al llamado estado, siempre fue un botín de asalto no un instrumento de desarrollo. No les interesa, nunca les interesó, construir estado porque ellos tienen resuelto todo: educación privada, salud privada y negocios privados. Los demás, es decir el país, que se jodan con el estado. Llobet no pudo entender al país que le cobijó. Intentó pero fracasó. Su generación pasa a la historia como un rotundo fracaso. Ni siquiera los supuestos “intelectuales y analistas políticos” de estas castas se esforzaron en descifrar nuestras culturas y costumbres, se quedaron cortos y sumidos en sus arquetipos occidentaloides, intentando más bien imitar todo lo gringo y externo y ajeno a nosotros. No les alcanzaron los tiempos, se van fracasados y siendo cómplices del colonialismo, y vasallos de los grupos coloniales, señoriales, de apellidos y linaje corporativos.

Llobet no decía lo que pensaba, sino lo que su bolsillo le exigía. Fue un mercenario de las noticias. Vivía y escribía para los grupos coloniales, antibolivianos y progringos. La prensa colonial sólo recicla este tipo de “periodismo”. Periodismo de provincia, colonial, antiliberal y definitivamente antiboliviano, es decir antiindígena. Llobet no deja ningún legado, sus allegados de la prensa colonial le echan flores y despedidas, porque creen que se va un “pensador demócrata”. En realidad se va un pensador del resentimiento, del odio profundo a lo indígena, a lo no occidental, a lo no “aristocrático”. Llobet no deja ningún pensamiento o aporte a las letras y a las ideas, por lo menos de las castas blancoides. Pasa como cualquier izquierdista colonial: odiando a este país que lo cobijó y le dejó creer en algo; aunque su mentalidad no correspondía a este país: soñaba como los de su casta en blanquear a este país, y polvearle con insumos ajenos y gringos. No le quedó tiempo.


                                                                                     Cochabamba, 4 de septiembre de 2011.

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