Max Murillo Mendoza
Todavía se escucha y se lee artículos sobre alegorías a la post-modernidad, como referencia a un escalafón más del avance humano en el pensamiento, de la filosofía, es decir superior en este caso a la modernidad. En términos sencillos la post-modernidad significó un salto y la relativización de los absolutos: ya no habían ideologías absolutas, ni de derecha ni de izquierda. Ya no habían absolutos de la razón. Todo era más relativo y más realista. Esos esquemas se trasladaron a aspectos de la sociología, de la educación, y como no nuestros “intelectuales” pusieron de moda ser post-moderno. Además se combinó con la panacea del neoliberalismo.
Lamentablemente dicha moda post-moderna fue destructiva, sobre todo en las juventudes, en sociedades donde el tema estatal, es decir la identidad cultural, antropológica e ideológica, no existe. Bolivia tiene particularidades, señaladas por intelectuales de renombre mundial como Zavaleta, terribles en este sentido: sin identidad, colonial y con clases medias sin proyecto de clase. Donde nuestras juventudes se hicieron más frívolas y superficiales siguiendo la moda post-moderna. Las modas siempre reflejan lo peor. En este caso se copio lo peor de lo que supuestamente decía lo post-moderno: que todo era relativo, que nada había que tomarse en serio. Los canales de televisión, esa lacra ideológica de las colonias extranjeras, hicieron en ese sentido su papel de difusores de la nueva ideología: post-modernismo. Hasta hoy cumplen ese rol de debilitar a lo nuestro, para imponer lo suyo, lo ajeno y extranjero. Para esta ideología todo es relativo y frívolo. No hay que hacerse muchos problemas “porque la vida es bella”. Semejante frivolidad donde el hambre, la podredumbre moral de las colonias extranjeras, la impunidad cotidiana pues es explicable como ideología dominante. Los jóvenes son arrastrados a los sueños más fáciles y dóciles. Ya no asumen responsabilidades para con los demás o el país, sino sus propios beneficios egoístas, y en mayor caso en contra de nuestro país o nuestras costumbres culturales.
Hoy todavía son voces populares y diarios estos personajes frívolos y tontos; pero exitosos. La prensa, la televisión reflejan con esa ideología las realidades de nuestras culturas. La falta de investigaciones, la falta de rigurosidad y la ausencia de pensamientos más científicos, pues nos inundan todos los días. La ideología “de la vida es bella” y la frivolidad estúpida son el pan del día. Y esa manera de ver las cosas absorben los jóvenes como sus maneras de funcionar, de actuar y de pensar: sin identidad, sin cultura, sin pasado ni futuro.
En lo educativo es absolutamente claro: esa ideología ha matado los referentes más funcionales, como el compromiso con los demás, en el cristianismo, o el compromiso revolucionario en el marxismo. Ese vacío existencial ha sido copado por el post-modernismo frívolo, vacío, sin referentes culturales, antropológicos e históricos. Y decía, además, con el escenario del neoliberalismo, han afectado de manera terrible en los sueños de los más jóvenes, haciéndoles más superficiales y sin responsabilidades frente a su presente y futuro. La destrucción de familias, la drogadicción, el alcoholismo y la prostitución son también reflejos de esta ideología ajena e importada. No sólo es resultado de la crisis económica, sino también reflejo de aquellas ideologías importadas y poco estudiadas por nuestras “cúpulas intelectuales”, sin identidad con nuestras historias. Y poco afectas a la rigurosidad y a la ciencia.
Cochabamba, 25 de Julio de 2011.

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