Max Murillo Mendoza
Por fin una ley por el “pacto de unidad”, para que los funcionarios públicos hablen un idioma originario, es decir nuestro. Las declaraciones del vice-presidente son elocuentes, y ojala creíbles. Ciertamente ya era hora de aterrizar en este país, y empezar por donde debemos empezar: que todos asumamos lo que somos, respecto de nuestras culturas y ancestros, y demos por fin rienda suelta a todo lo que fue acallado y discriminado: nuestras culturas y nuestras costumbres. Nuestras vestimentas, nuestros símbolos y nuestros héroes deben salir de la clandestinidad forzada durante siglos de opresión colonial, pigmentocrática y racial. Así se hace justicia histórica y legítima con nuestros antepasados, quiénes fueron desterrados en su propia tierra, en nuestros propios espacios culturales.
Este sería un primer paso para otros necesarios: los medios de comunicación también tienen que nacionalizarse así mismos y empezar a relatar en nuestros idiomas. El mono culturalismo ha dañado a nuestro país, no lo ha enriquecido. Las ignorantes clases medias no han aportado en nada a la riqueza de nuestras culturas, todo lo contrario: en su afán de imitar a occidente, aún de manera burda y torpe, han destruido la posibilidad de enriquecer los movimientos culturales nuestros. Y las oligarquías, entes normalmente extranjeras, pues jamás han tenido interés de mezclarse con lo nuestro, por lo que no podemos exigirles mínimamente una identificación con Bolivia. Son extranjeros y extraños, de hecho viven en barrios ajenos a nuestras realidades, casi como en sus propios países. Hoy debemos pedirles respeto a lo nuestro, o ayudarles a alistar sus maletas para el retorno a sus patrias.
Nuestro renacimiento debe ser total. Somos descendientes de civilizaciones muy antiguas, con sus propias conquistas tecnológicas y culturales, con nuestros propios dioses, y visiones de la vida y el mundo. No le debemos a ninguna civilización nada. Es más, occidente nos debe mucho por toda la destrucción ocasionada por estos lados. Por todo el desequilibrio social y medio ambiental. A pesar de esta tragedia, debe ser nuestro tiempo: nuestra pacha. La hecatombe económica es parte de la decadencia occidental, que ya nada puede ofrecernos. En cambio nuestras civilizaciones hace muchos milenios que han dado respuestas, a las preguntas modernas que recién se hace occidente. Pero que no entendieron por su soberbia tecnológica, económica y cavernaria mono cultural al mismo tiempo.
Espero que no haya trampas de la razón hegeliana, y que el vice-presidente no retroceda en esa promesa. Y que los funcionarios públicos que no aprueben esta medida deben retirarse, para dar lugar a verdaderos funcionarios públicos. A verdaderos servidores públicos. Espero también que esto se haga extensivo a instituciones privadas, como sistemas educativos, bancos, etc. Ya que en nuestro país no tienen porqué haber islas o excusas parecidas. Nuestros idiomas, es decir nuestra comunicación debe ser restablecida por justicia y deuda histórica. Nuestras culturas no están en los museos, están en las calles y muy presentes; pero no son escuchadas ni comprendidas por el mono culturalismo enfermizo de las clases a medias y las oligarquías antibolivianas.
El mundo puede esperar, y esperará. Ordenemos primero nuestra casa, luego nuestra mirada será más estratégica hacia el mundo. Entonces no habrá problemas para aprender el inglés o el mandarín. Ese ejercicio será complementario, como necesidad de negocios o emprendimientos culturales; pero, como hasta hoy, los que nos representan no son precisamente representantes de nuestras culturas, sino payasos de occidente. En el mejor de los casos actores de pantomima que no reflejan lo nuestro. Jina cachun.
Cochabamba, 4 de Agosto de 2011.

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