Max Murillo Mendoza
Las mentalidades del odio, de la mita, de la encomienda y el apartheid festejarán como si no hubiera pasado el tiempo el Bicentenario del “Grito Libertario”. Esas mentalidades de museo, anti-liberales, decimonónicas, anti-modernas y anti-democráticas, “recordarán” dizque y “en la casa de la libertad” el inicio del largo proceso de liberación del yugo español.
Las autoridades de Sucre, ex izquierdistas y emebelistas, son la prueba más elocuente, el diagnóstico más preciso, de que las mentalidades coloniales y señoriales, siguen presentes y bien presentes en el imaginario de nuestras sociedades. Utilizan las ideologías y se ponen de moda con todo lo que ofrece la modernidad para seguir dominando, y cuidando sus intereses económicos. Se han hecho especialistas en la adaptación. Son por excelencia camaleones y copiadores de todos los modelitos modernos de la política, economía y el pensamiento vigente. Cuando sus intereses exigieron fueron de izquierda, captando recursos económicos a nombre de campesinos y pobres para mantener sus privilegios. Organizaron partidos políticos, de izquierda, para cuidar sus beneficios de casta. Prostituyeron las instituciones, como la universidad San Francisco Xavier, con todas sus camarillas, para sus mismos objetivos de grupos y familias.
Estos grupos “de sangre azul” repetirán como papagayos que la libertad no se vende. Pero esos recordatorios serán casi ridículos, absurdos y fuera de toda consideración histórica. Una ocurrencia de señoritos, tercos y obtusos, que no quieren pasar desapercibidos de los demás recordatorios.
En el caso de Sucre estas castas no sólo son pobres económicamente, sino mentalmente. Las excusas de capitalidad se han derrumbado con el tiempo, mostrando nuevamente la capacidad de manipulación hacia una población débil; pero con exigencias de perspectivas mejores para sus intereses. Estos grupos han sido arrasados por la historia. El nocaut que han recibido es definitivo y probablemente sea en final de una época. Aunque sus pequeñas terquedades seguirán todavía vigentes, ya no asoman como los representantes legítimos de Sucre. La ley de la gravedad se ha encargado de arrastrarles a tierra firme. Son los últimos aleteos del olañetismo, que reconocemos ha durado mucho tiempo, siglos. Tiempo en el que sus efectos han sido desastrosos para Bolivia, tiempo en el que lo único que han hecho es cuidar sus intereses; aunque estos siempre estuvieron en contra de todo un país. Su capacidad de adaptación y camaleonismo no les salvó en este último escollo: de cambios profundos en los valores y la ética del tiempo.
Cochabamba, 21 de Mayo de 2009

No hay comentarios:
Publicar un comentario