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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA SECTA CATÓLICA YA NO TIENE NADA QUE DECIR

                                                                                                                   Max Murillo Mendoza

La secta Iglesia Católica, presidida por Monseñor Terrazas, terminó su 88 asamblea ordinaria realizada en Cochabamba. Repitiendo en sus rezos que la “buena nueva” en Cristo es el mensaje consabido. Debemos recordarles a los monseñores que Cristo nació en una familia de carpinteros pobres, que fue un luchador de su tiempo en contra de los males sociales, sobre todo en contra de la hipocresía de los oligarcas representados por los sacerdotes judíos del Sanedrín, oligarcas que finalmente le asesinaron en nombre de su religión, presionados también por el imperio romano.

Se refirieron disimuladamente al proceso electoral. Con su típico modelaje religioso el cardenal recomendó que se vote “conscientemente”. Como si las mayorías indígenas y campesinas no fueran conscientes. Una recomendación que tiene el tufo colonial cristiano. Pero, en este tema, ya no tienen nada que decir. Pues su incómoda posición en contra del proceso de cambio, no les faculta a realizar ninguna bendición más.

La secta católica pasa cada vez más desapercibida. Si no fueran los medios de comunicación en manos de las colonias extranjeras, y claro las de esta secta, realmente ya no se oiría su voz. Lo patético son sus mensajes. Reflexiones de colegio sin ningún contenido evangélico o al menos “cristiano”. Dichos misioneros católicos no ven con claridad su encrucijada. Consideran que los dos mil años que llevan encima les garantizarán otros dos mil años más, entonces no importa lo que digan y vivan. Estar en la otra vereda de este proceso no les interesa en absoluto, bendecir a moros y cristianos es su trabajo, finalmente tienen siempre el perdón de sus pecados.

La encrucijada mayor que tienen en esta secta es la de nacionalizar sus estructuras, es decir bolivianizarlas. El poder económico y político lo tienen los curas extranjeros, por tanto el manejo y su ideología es de lejos un ideología con matices coloniales. En estas estructuras, nada democráticas, los curas nativos: indígenas y mestizos, están postergados a su suerte, a cargos de segunda y tercera categoría. Los poderes mayores continúan en manos de extranjeros, que muchos de ellos nada entienden de lo que es Bolivia, sino como asunto colonial y turístico. Y los pocos “bolivianos”, sobre todo obispos, están domesticados durante años por las estructuras extranjerizantes, y son lamentablemente peores incluso que los mismos extranjeros. Los nativos no tienen espacios en estas estructuras, tienen que contentarse con papeles secundarios.

La otra encrucijada es empezar a respetar a las religiones ancestrales, incluso más antiguas que el mismo cristianismo. Respetar sus ritos, respetar sus mitos y sus expresiones sociales. Nada consiguieron al condenarlas como superstición o primitivas. Hoy, nuestros ritos andino-amazónicos están más vivos que nunca. Incluso en las ciudades la K´oa se hace un patrimonio social, y es impresionante ver que en los edificios más lujosos todos los primeros viernes de cada mes, el humo del rito andino de la k´oa es contagiante, y la ch´alla de agradecimiento a la Pachamama también. Pues a pesar de la santa inquisición y todas las demás condenas, nuestras religiones siguen presentes. La iglesia católica debe entender estos mensajes, estas expresiones milenarias y con profundos contenidos religiosos. Los sacerdotes de estas religiosidades siguen presentes, con algunas mezclas “cristianas” siguen ofreciendo sus ritos en distintas festividades, en distintas expresiones sociales a lo largo del país. Y  la iglesia católica no acaba de entender otras maneras de ver de otros dioses, dos mil años después su aprendizaje al respecto es decepcionante.

No espero mucho de esta secta. Pero lo que tiene al frente es más que desafío. Es mirarse internamente, y reconocer que tienen demasiados pecados que curar, sobre todo el de su soberbia ciega, dos mil años después.


                                                                                    Cochabamba, 25 de Noviembre de 2009.

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