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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LA ULTRADERECHA Y EL FASCISMO YA TIENEN UN SANTO

                                                                                                         Max Murillo Mendoza

Juan Pablo II fue canonizado hace unos días. El papa polaco de quién Latino América no tiene ningún buen recuerdo (mi artículo de hace años cuando su muerte), porque fue uno de los papas más anti latinoamericanos que existió. Se sospecha que fue agente de la CIA, ya que tuvo mucho que ver con su trabajo “apostólico” de absoluta imposición de cardenales de ultraderecha y anti comunistas, sobre todo en América Latina, en lo que fue la esfera de influencia soviética. Su odio recalcitrante al comunismo, pues tampoco tenía buenos recuerdos personales de su Polonia natal, le llevó a generar posturas abiertamente cercanas a la derecha y la ultraderecha. No compartía con la Teología de la Liberación. La condenó como parte de las doctrinas “marxistas”, que “contaminaban” la esencia del cristianismo. En esa línea ordenó la restauración de su iglesia, arrinconando a todos los sacerdotes “sospechosos” de compartir con la Teología de la Liberación, es decir con el marxismo, es decir con el comunismo.

En estos últimos años la iglesia católica ha perdido mucho terreno. Su apostolado está en crisis moral y ética. Los cotidianos escándalos de pederastia y de acoso sexual, por todo el mundo, le han minado sus bases, cada vez en más países se plantean la eliminación de esta institución. Paradójicamente sólo en Latino América tiene sus bases más sólidas; por razones históricas: colonialismo. No entraré en detalles al respecto. Pero eso es evidente. La religión católica sigue siendo el cordón umbilical ideológico de las oligarquías latino americanas: la condena no sólo es política, sino también ideológica, es decir religiosa como visión totalitaria del poder. En cambio en Europa  es una institución más del montón. En América Latina forma parte del poder oligárquico y señorial. Su importancia en estas sociedades colonizadas es todavía primordial.

Por estos acontecimientos necesitan “santos” con urgencia. Y, ni modo, incluso los encuentran en papas con pésimos antecedentes como Juan Pablo II. Requieren golpes de timón para intentar revertir la tendencia mundial: la religión ya no es un asunto de estado. Y las sociedades incluso modernas no necesitan bendiciones a sus maneras de ver y vivir este mundo. Ese sentimiento de culpa que al final molesta porque quiénes son los portadores de sus ideas son los peores ejemplos de lo que proclaman.

Al final la iglesia se quedará simplemente como agencia de financiación de proyectos sociales. Y considero que eso es lo que mejor hace. Lo demás ha sido un rotundo fracaso existencial e histórico. Siempre con las excepciones impresionantes que hacen la regla: Espinal, Mons. Romero, Casaldáliga, Basiana y otros pocos que han dado su vida en testimonio al Jesús obrero de padres carpinteros y pobres. Esas excepciones por supuesto que no serán santos porque no son parte del menú del Vaticano. Excepciones que han sido parte de la Teología de la Liberación, como opción preferencial por los pobres y marginados de la tierra. Esos testimonios serán parte de la historia de nuestros pueblos como portadores de la buena nueva; pero desde lo más puro en los vientos de cambios y reformas existenciales.
En Bolivia no tenemos nada que festejar. La prensa colonial ha dado cobertura por la visita que realizó a mediados de los años 80 del anterior siglo. Su visita fue un show montado, como de los roqueros famosos para desatar histerias colectivas y tapar y encubrir asuntos más importantes y delicados. Pero bueno, mentalidades y colectivos sociales son lo más complejo en las definiciones y las clasificaciones. Eso sí, mentalidades coloniales y oligárquicas tienen mucho que festejar: necesitan salvar sus almas porque las persecuciones de culpabilidad son muchas, de los tantos desastres ocasionados a nuestros pueblos.

                                                                                      Cochabamba, 6 de Mayo de 2011.

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