Max Murillo Mendoza
Ocupar países y bombardearlos en “nombre de la libertad y la democracia” es lo más repugnante, para cualquier cultura civilizada, porque demuestra la falacia, el engaño imperial y grosero de lo que realmente es: ocupación y destrucción para el saqueo y robo descarado. Lo demás son palabras, palabras y lindas reuniones para las fotos y la prensa: “democracia, ayuda, asesoramientos” para resolver los problemas de los países ocupados. El cruel modelo de desarrollo (que ha llevado a la destrucción de la humanidad) occidental definitivamente muestra su rostro anti humano, anti cultural y antidemocrático por todo el mundo. Sus lacayos locales, serviles y sirvientes (oligarquías, burguesías, colonias, etc) no tienen ya argumentos para defenderlos. No tienen alternativas porque sus patrones del norte no saben a dónde van, ni el futuro que tienen. El azar es su mejor aliado. Su ciencia no tiene respuestas sino parchecitos tecnológicos y alucinantes como la droga. Pero nada más.
Europa ha sido destruida por Estados Unidos y su crisis global, provocado por sus bancos y negociantes piratas hambrientos y sedientos de sangre. Pero los europeos no despiertan de esa pesadilla. Sus poblaciones están domesticadas y totalitariamente adormecidas para no reaccionar. Se lo creen todo: que las revoluciones no son posibles en el sistema. Que el sistema es lo mejor; aunque les traiga muerte y humillación de por vida. Que es mejor lo que tienen a lo que pueda venir; a pesar de no tener futuro y sufrir penurias terribles. Los europeos, en su “agradecimiento” a los Estados Unidos de ser salvados de Hitler, y luego ser ayudados por el plan Marshall después de la segunda guerra mundial; además de haber sido protegidos como niños mimados del peligro comunista de la Unión Soviética, pues se creen que su sistema es el mejor. Extremos mentales impresionantes que demuestran poblaciones domesticadas, adormecidas y casi podridas. Sus sistemas desarrollaron y progresaron gracias al robo y comercio con el sur. Ese es en realidad el modelo que tienen, y que por fin llega a su fin.
Occidente tiene su ocaso. No aquel pronunciado por autores rebeldes desde hace un siglo, sino que es uno real, concreto. Eso nos facilita aquí por el sur, porque sus lacayos y colonialistas también se debilitarán y no tendrán la cobertura ni el marco teórico que siempre les protegieron. Los cultores del progresismo y el desarrollismo tienen los días contados, izquierdistas y derechistas están en el mismo barco. Son hermanos gemelos y siempre durmieron en la misma cama: desarrollo, progreso, historia lineal y teleológica. Occidente no tiene nada que ofrecer. Por fin se acabarán nuestras tragedias, por fin.
Pero este monstruo occidental de mil cabezas seguirá agonizando por muchos años más. La bestia herida será más cruel antes de su muerte: guerras, ocupaciones imperiales, bombardeos de otras culturas, crisis económicas, contaminación ambiental, destrucción del hábitat, etc. Y asesinatos selectivos por todo el mundo vía aviones dron o satélites artificiales. La lógica es la misma: “en nombre de la libertad y la democracia”. Y en esta agonía intentarán sobre ponerse y desarrollarse. Ya no podrán. Las culturas milenarias por todo el mundo están reaccionando en contra de esta crueldad y maldad occidental y moderna. Su lógica es insostenible y el fortalecimiento de nuestras culturas es su destrucción. No tiene salida, sino el aprender a respetarnos, a considerarnos. Porque ahora saben que también podemos destruirlos. Ni siquiera pueden, con toda su tecnología y poder, con Afganistán. Este último un país muy pobre pero muy digno, y expulsará de su territorio a los imperios más poderosos que haya conocido la humanidad: primero soviéticos y ahora norteamericanos y europeos. Y ese mensaje es claro también por estos lados del sur del mundo. Los colonialistas, dizque democráticos, modernos y liberales, deberían cambiar sus actitudes hacia nuestras culturas, porque sus días están contados por todo el mundo.
Cochabamba, 14 de marzo de 2012.

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