Max Murillo Mendoza
Qué duda cabe: el asunto del TIPNIS ha sido una de las debilidades más vergonzosas del actual gobierno. No enfrentaron de manera coherente, y se confiaron en los triunfales momentos de los últimos años. El tiro les salió por la culata. Ni siquiera hubo coordinación entre ellos, por un lado estaban las ocurrencias de Choquehuanca, con sus dudas y cobardías típicamente funcionarias; y por otro estaban los “evistas” intentando mostrar músculos político sindicales; pero sin ningún análisis de coyuntura ni lectura precisa de los momentos. Hoy tienen algo más de claridad; sin embargo, ya el tiempo les ha pisado y sus medidas son medidas desesperadas: quizás ni el desquite aprueben.
Esta rotunda equivocación les dio oxígeno a las clases medias racistas y pigmentocráticas de las ciudades, que sin discurso alguno y perdidas en el espacio como estaban, encontraron un filón político para ponerse en contra del MAS. Izquierdistas trasnochados, ambientalistas de moda, monjes verdes ecologistas, militantes de la derecha antiboliviana y antiindígena tradicional (NFR; MNR; ADN; UCS; MBL; MIR), y varios oportunistas más de colores camaleónicos, se unirán a propósito del TIPNIS. Y ya empiezan con el show mediático: “marcha anticapitalista”. Oh sorpresa! Los “anticapitalistas” citadinos que nada hacen por sus entornos ambientales de sus ciudades, ni de sus barrios, esta vez se ponen las pilas políticamente. Por supuesto, qué importan las inhumanas ciudades bolivianas: basurales, transporte inhumano, destrucción de todos los sentidos comunes de habitabilidad, etc. Lo que importa es ponerse en contra del actual gobierno, y sus políticas “totalitarias y anti medioambientalistas”. Moros y cristianos se unirán a propósito del TIPNIS.
Ciertamente el TIPNIS pone en tapete y en mesa las profundas tenciones que tenemos, entre el enfoque occidental y progresista desarrollista (a todas luces destructivo y cruel), y el enfoque indígena de cuidar la naturaleza, compartir holísticamente el medio ambiente: no depredarlo. Esas tenciones no serán resueltas tal como están siendo planteadas en estos momentos. Se están planteando las cosas occidentalmente: guerra total. Diálogo de imposiciones. Guerra de posiciones. Es cierto también que el gobierno debe dar los pasos necesarios, transparentes y claros para dar oportunidad de negociaciones más fructíferas. Menos de imposiciones políticas. En ambos frentes se están planteando guerra de guerrillas: vencer o morir. En realidad se requiere de alargar las negociaciones, para llegar a acuerdos más positivos. En eso comparto plenamente que no se puede destruir lo único que tienen los hermanos y compañeros del TIPNIS: su hábitat. Pero tampoco podemos permitir seguir postergando grados de desarrollo necesarios, por ejemplo en caminos, que ayuden en algo a paliar las tremendas y escandalosas estadísticas de pobreza y marginación.
Ojala los monjes verdes (de la nueva religión y moda que es el medio ambiente) y ambientalistas, conscientes y los de moda, entiendan que no pueden utilizar a los hermanos indígenas políticamente. Ojala que los ideólogos del MAS aprendan la lección de la anterior marcha, y saquen sus conclusiones más precisas y lúcidas. Ojala que estos días sean todavía oportunos y sensatos para seguir negociando, y no caigamos en las fauces de las lógicas coloniales y occidentales: guerra total, para intentar incendiar el país, donde siempre los más pobres y marginados son los que más tienen que perder. Y tenemos que tener también la valentía de denunciar a los grupos coloniales (de izquierda y derecha), que seguramente están afilando sus cuchillos para emprender una cruzada en contra del gobierno. Y espero, no tengo muchas esperanzas, de que los ideólogos del MAS tengan la inteligencia de enfrentar esta situación sin enfrentarnos entre hermanos indígenas, como siempre ocurrió a lo largo de la historia colonial y republicana. Al final, los que derraman sangre siempre son nuestros hermanos indígenas, y no los colonialistas.
Cochabamba, 9 de abril de 2012.

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