Max Murillo Mendoza
“…si estos son cristianos
al cielo no quiero ir”
Cacique Hatauey en la hoguera.
Las hordas hitlerianas y nazis asesinaron en nombre de la ciencia, de la raza aria blanca, de los postulados científicos a 7 millones de judíos y minorías étnicas, en los campos de exterminio del estado nazi. El mundo se dio cuenta demasiado tarde, y los resultados del enfrentamiento de occidentales: nazis, comunistas y liberales, se saldó con 60 millones de muertos. Sucedió en la segunda guerra mundial. La soberbia de la ciencia occidental raya en la misma ignorancia. Quemar libros y quemar judíos en nombre de la ciencia: qué pantomima occidental de su propia ignorancia y ausencia de sabiduría.
Las reacciones ante las declaraciones de Evo Morales, de sentirse feliz por no haber asistido a la universidad, desatan las mismas reacciones hitlerianas y racistas en nombre de la ciencia. Las redes sociales en manos de las ignorantes clases a medias, se explayan con sus contenidos racistas antiindígenas y antibolivianas. Nada raro: estamos en Bolivia. Los hijitos de papi, normalmente egresados de colegios privados católicos, donde “ser para los demás” significa discriminar y ser racista frente a los indígenas, y luego trasladan esa mentalidad católica a las universidades, se lucen mirándose al espejo e insultando al propio presidente de Bolivia. Todo en nombre de la ciencia. No les interesa un carajo que sus universidades sean el antro mismo del desprestigio, donde comprar notas, vender notas, docentes mediocres y acosadores de jovencitas, sean el pan de cada día. No les interesa la podredumbre del sistema universitario; pero sí les interesa las opiniones de un indígena presidente, porque los “científicos señoritos bien” se sienten insultados. Se sienten agraviados en su “ser científico”.
Los resultados finales de los colegios, y sistema educativo en general, privados católicos son los que se ve después en la sociedad boliviana: racistas, pigmentocráticos, anti indígenas, ciegos y burdos imitadores de occidente, sin identidad con Bolivia, sin autoestima frente al mundo. Por eso es urgente plantearse como estado programas educativos antirracistas. Las clases medias bolivianas requieren de alfabetización cultural urgente. Sólo los discursos ministeriales y decretos supremos no cambiarán esta realidad. Estas clases medias provincianas e ignorantes, tienen costumbres arraigadas destructivas, antidemocráticas y católicas. Y ese es el poder político que tienen los partidos tradicionales (de izquierda y derecha). En realidad el lavado de cerebro más importante educativamente, se produce en los colegios católicos. En esos espacios se recrean las consignas coloniales y anti bolivianas, que después funcionarán a lo largo de todo el proceso universitario. Desde este punto de vista no es absolutamente raro las reacciones de las universidades “estatales” contra este proceso. Todo el poder de la ideología católica racista, se expresa con contundencia en lo señoritos “científicos” de las universidades bolivianas.
La ceguera mental y costumbrista, además, de estas clases a medias, les impide al menos imitar a las clases medias de otras realidades, por ejemplo de Chile o Argentina, donde la calidad de esas clases medias han producido intelectuales y pensadores de la talla de Neruda, Borges o Gabriela Mistral, entre otros varios. En Bolivia la mediocridad de estas clases medias no producen ni siquiera algún cuenta cuentos de exportación; pero sí les preocupa mucho las opiniones de un presidente indígena. En su ausencia de pensamiento liberal y moderno, se sienten “atacados y dolidos en su ser científico”. Tanta ignorancia junta sólo se produce en las clases medias bolivianas. Pero bueno, ni modo. No hemos tenido suerte de contar con clases medias cultas, modernas y liberales. La corriente colonial es fuerte: su mentalidad sigue durando y perviviendo en el tiempo. Los tiempos cambian; pero no las mentalidades coloniales y atrasadas de las clases medias. Consideran que modernidad es moda: auto nuevo, casa nueva y joda nueva. No tienen idea que modernidad es precisamente mentalidad (actitud) de trabajo, de ahorro, de eficiencia y eficacia, de resultados altos y máximos. De competencia sana y democrática, de oportunidades para todos. Esos vocabularios están ausentes en las clases medias bolivianas. Su mentalidad es más bien colonial: el más pendejo, el más blanco, el más vivo, el más flojo y vago (que puede comprar notas), el más estúpido pero con poder. Esos son los valores de estas clases medias, las excepciones confirman la regla.
Pues no sé dónde están los encargados de descolonizar este estado. Quizás son los mismos de clases medias, que no tienen idea por dónde empezar. Y es tan elemental: por lo educativo. Eso lo saben las mafias católicas y utilizan al máximo ese poder educativo en sus colegios católicos. Miles y miles de jóvenes condenados a odiar a este país. De “ser para los demás”; pero para ellos nomás, para los privilegiados nomás, para los escogidos al cielo nomás. Los encargados de descolonizar Bolivia la tienen difícil; al menos todo está claro. Entonces debemos atacar por donde hay que atacar.
Cochabamba, 27 de abril de 2012.

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