Max Murillo Mendoza.
La particular izquierda boliviana, tuvo su fracaso más estrepitoso e histórico en el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (1.982-1.985), cuando destruyeron una posibilidad única de constituirse como alternativa, después de 18 años de dictaduras militares, en la apertura democrática. Miristas, comunistas, movimientistas de “izquierda” con el doctor Siles y demás ramas anexas se corrompieron en competencia, peleándose por ministerios, embajadas, aduanas, etc. Desde siempre su falta de lectura y visión hacia este país, les condenó al extravío, la especulación, el vanguardismo infantil y la ceguera total en sus propuestas. Las otras iglesias como las troskistas, guerrilleras, socialistas en todas sus variantes y algo más rojas, también desde siempre nunca se aproximaron a Bolivia, sino desde sus iglesias y libros rojos de realidades lejanas como la China, rusa, cubana, etc. Pero ese fracaso histórico no sólo fue de orden ideológico político, sino estructural: de clases y sistemas. Son las clases medias y medias altas las que fracasan en Bolivia. Racistas y pigmentocráticas como los partidos de sus padres latifundistas conservadoras: ADN, MNR, UCS, NFR, etc. De hecho, todos estos muchachos “comprometidos” se pasaron poquito después a las filas de los partidos de sus padres: ADN, MNR y UCS. Fueron la mano de obra calificada de los programas de “ajuste estructural”, neoliberales. En todos los ministerios y entidades del “estado”, se llenaron de izquierdistas: ya habían sufrido buscando la revolución, y en su fracaso tenían el derecho de “vivir bien” en el neoliberalismo.
Hoy, en tiempos de cambio, se pasaron a filas de las organizaciones sociales. Otra vez, socialistas, emebelistas, exmiristas, excomunistas, extroskistas, exguerrilleros, etc, etc, son funcionarios de los ministerios, de las embajadas, de las aduanas, para seguir medrando a nombre del “estado” plurinacional. Aprendieron a manejar el “estado” durante el neoliberalismo, por lo que son la mano de obra calificada por antonomasia de este estado. Pero, como siempre, siguen extraviadas y ajenas a lo que está sucediendo. Su aporte teórico y reflexivo en este proceso es nulo, nada raro, y en realidad simplemente son los mismos vividores a nombre de la revolución. Hijitos de papá que deben seguir viviendo bien. Ni siquiera tienen influencias en las centrales obreras, como la COB, o en los sindicatos de los profesores. Su congénita inutilidad es definitivamente asombrosa. Como siempre también todas las responsabilidades están en manos de los indígenas y campesinos. Los izquierdistas estatales son los patroncitos de este proceso, nada raro.
La “izquierda boliviana” no se recupera del fracaso de la UDP. Ese síndrome les persigue y no les permite ni mucho menos levantar cabeza, teórica ni espiritualmente. Las clases medias no tienen visiones para nuestras realidades. La UDP fue una muestra de eso, con la posición de izquierda. Y en estos procesos actuales repiten esa miseria histórica. Clases medias desubicadas, racistas, señoriales, patronales y cristianas (egresados de colegios católicos comprometidos, pero racistas y antiindígenas). Su aporte teórico es absolutamente nulo, inexistente. Se atrincheran en universidades estatales o privadas, contra este proceso. Sus consignas son tontas y de cuello blanco señorial: contra el “totalitarismo masista”, contra el “indigenismo masista”. Nada más se les puede ocurrir, sino las consignas de sus abuelas y abuelos latifundistas. Ni siquiera les queda algo de creatividad en su extravío e inercia mental e intelectual. Sus producciones son de sentido común. Casi por obligación y pinta institucional; pero sin aportes reales, conceptuales y teóricas. No quieren quedar mal ante sus vecinos o familiares que no comparten con este gobierno de indios. Tienen que cuidar su reputación señorial y fina.
Pues, es realmente una tragedia que la izquierda boliviana no tenga una participación efectiva. Su patética presencia simplemente relata su estructural forma de ser; pero depende sólo de ellos el de integrarse a nuestras lógicas y ser realmente algo más bolivianos, y algo más de nuestras nacionalidades.
Cochabamba, 30 de marzo de 2012.

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