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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

jueves, 19 de abril de 2012

EL DESORDEN MUNDIAL



                                                                                        Max Murillo Mendoza



Occidente, socialismo y capitalismo, hizo creer al mundo después de la segunda guerra mundial, que nos ofrecía un paraíso de bienestar y desarrollo, donde moros y cristianos viviríamos felices y contentos con desarrollo y progreso incluidos. Amén. Pero la realidad ha sido otra. Una realidad de crueldad, de colonialismo sofisticado, de guerras coloniales, de dictaduras a nombre de las seguridades nacionales (de capitalistas y comunistas), de juegos sucios entre los sistemas secretos: asesinatos y torturas de miles de personas a lo largo del mundo, de crueldad hasta la máxima expresión cavernaria: misiles atómicos y maquinaria de muerte. El desarrollo de la hipocresía es típicamente occidental: discursos en las Naciones Unidas, ofrecimientos de ayuda al desarrollo, etc. Pero los hechos, las acciones y lo concreto es que occidente no sabe de diálogo ni de convivencia civilizada desde hace siglos. Los resultados son tan contundentes que sólo los colonialistas y racistas de estos lados del mundo no lo ven: Cambio Climático, destrucción de la vida misma, guerras e invasiones de países enteros en todo el mundo, destrucción de economías indígenas que habían funcionado bien durante miles de años; y a la llegada de occidente se han destruido por completo. Su ciencia, su tecnología, que es la fascinación última de las mentes coloniales del sur de este mundo, nada aporta en las soluciones estructurales de nuestros problemas, son juguetes sofisticados que sólo sirven para seguir colonizando y justificando el poder de las castas dominantes: unos que piensan y otros los esclavos que trabajan y producen riqueza.



Hoy, occidente no ha cambiado esos postulados guerreristas y destructivos. El desorden mundial que ha generado es lo cotidiano. Las amenazas y su hipocresía siguen siendo las recetas de negociaciones hacia el sur de este mundo. Argentina pasa esos momentos. La nacionalización de sus propios recursos, desata furia de los cavernarios que gobiernan occidente: la sofisticada y culta civilización occidental. Sus pueblos domesticados y sometidos al miedo y terror (islamistas, sudacas, bárbaros que invaden sus finas sociedades, pérdida de privilegios, etc) ya no pueden reaccionar contra sus gobernantes y líderes cavernarios. Occidente ya no tiene posibilidades y creatividad para seguir conduciendo la historia, a pesar de ser los inventores de la historia. Tienen pánico de la misma historia, y hoy se aferran a esos recuerdos de poder y gloria: reaccionan amenazando y vomitando odio y bronca contenida.



En Bolivia las clases altas son sus monjes y adoradores fieles de estos cavernarios. Irían al infierno mismo detrás de estos cavernarios. Y lo hacen: destruyen lo nuestro, desde siempre. Pero esos tiempos dorados ya se terminan, en el norte y también por aquí. Esas recetas de odio y coloniales no han sido sostenibles, como no han sido sostenibles sus modelos de desarrollo: Destrucción del medio ambiente y de la vida misma. El pasado, en eso jamás nos equivocamos, es nuestro futuro. En occidente la apuesta al futuro ciego fue su condena y su destrucción. No escucharon a su pasado y a sus culturas propias. El arrollador tren del progreso y el desarrollo arrasó con su pasado, y esa soberbia les lleva a la destrucción. La pagarán caro; pero esa mierda ya no es nuestra, allá ellos.



Debemos seguir con lo nuestro. Profundizar lo nuestro. Utilizar aquello que nos sirve de occidente: su tecnología y su ciencia. Hasta donde nos sirva. Pero no su mierda empaquetada y cruel de su mentalidad moderna e hipócrita. Esa destructiva forma de relacionarse con “los demás” occidental hay que desecharla. Y a los colonialistas que se queden a convivir en nuestras tierras y culturas, tenemos que enseñarles a convivir con lo nuestro. Tenemos que alfabetizarles en nuestras costumbres, racionalidades económicas, sociales y grupales. Curarles de sus fantasmas y enfermedades occidentales, respetando en lo que creen y rezan. Porque si siguen empeñados en sus formas destructivas de relacionarse con nosotros, pues tendrán que irse, tendrán que ser valientes y dejarnos vivir con lo que somos nosotros. No es tan difícil.



                                                                                   Cochabamba, 19 de abril de 2012.




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