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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

martes, 14 de febrero de 2012

DE TRADICIONES Y COSTUMBRES


                                                                                                          Max Murillo Mendoza

Al llegar a casa, muy tarde en la noche, y a modo de perder el tiempo cometí el error de prender la televisión. Ni modo. Y veo un programa no sé de canal pero de un conocido y payaso conductor llamado Patato, donde se explayaba alabando a la prensa por su posición respecto del escándalo machista, del tradicional colegio Bolívar. Y alababa y alababa a los medios de incomunicación por su defensa “de los derechos humanos”, frente al “machismo e intolerancia” de los padres de familia y alumnos de dicho colegio. Duré cinco minutos frente a semejante acto hipócrita y de pinta clase mediero, y por supuesto que apagué ese aparatito tradicional y que sólo nos trae costumbres ajenas a nuestras realidades, contaminando y envenenando cotidianamente las mentes de los jóvenes, precisamente con esas escenas grotescas y violentas de mujeres bellas y hombres violentos, comandando escenarios e historias tradicionales patriarcales y falocráticas a más no poder. La televisión siempre fue el canal de transmisión de lo más antiboliviano, y anti pedagógico que tenemos en Bolivia. Pero en nombre de la libertad se ha adueñado de los espacios sociales ricos y pobres en Bolivia.

En Bolivia tenemos muchas tradiciones enraizadas hasta los tuétanos de las costumbres. La corrupción es tradición, porque el que no lo hace es estúpido; el golpear a las mujeres es tradición y las mujeres son las principales encubridoras de este fenómeno, desde la infancia, y no hay diferencia entre las clases altas y bajas y populares. Pero la hipocresía de las clases altas es de película. De pinta y pose para disimular y facilitar todo eso. Es decir los varoncitos pueden hacer todo y tienen carta blanca para matar; pero no las mujercitas. En las clases a medias es vox populi las infidelidades conyugales, los divorcios son el deporte favorito por los temas infieles, hechos que destruyen a los jóvenes, quiénes no tienen más remedio que refugiarse en la televisión, el internet, el alcohol y las drogas, donde por supuesto son caldos de cultivo de actitudes machistas y falocráticas. En todo esto y respecto a esto, a lo sumo, estas clases pudientes sólo acuden al expediente clásico: importar modelitos de moda como el feminismo, y montar instituciones de café que no sirven de absolutamente nada en nuestras realidades.

Pues la hipocresía, cuando no, hace gala en los escenarios de los medios de incomunicación. Las tradiciones y costumbres no han cambiado, sino la cáscara. Con semejantes sistemas educativos, que tenemos y nos gastamos en Bolivia, qué puede cambiar? Nada. Los discursos y las poses sí, porque eso se vende y se compra. Las profundas actitudes machistas y falocráticas de nuestras sociedades responden a procesos de desintegración cultural y social. Nuestras clases a medias y altas no tienen referentes culturales nativos, y su extravío les lleva a desencuentros y falta de ubicación social y cultural. Pero también en las clases bajas e incluso en sectores rurales, las costumbres y tradiciones son sinónimo de crueldad y ensañamiento contra las mujeres. La violencia familiar es una costumbre, y una tradición. Ahora se disimula más, se denuncia algo, pero las raíces y los comportamientos no han cambiado.

Lo del colegio Bolívar está bien para la prensa. Quizás ayude en algo a las niñas y jovencitas que han sido maltratadas y humilladas, por madres de familia populares que sólo entienden del lenguaje de la violencia, y son como madres partidarias del machismo secante, porque eso han bebido como tradición desde sus padres. Quizás sirva algo para la sensibilización de la sociedad, quizás. Pero me temo que no servirá de nada para profundizar verdaderos temas de políticas de estado, que realmente cambien el tipo de educación que se imparte en las escuelas, colegios, normales y universidades, donde el machismo y la borrachera son el pan del día y se mezcla en tradición y costumbres bolivianas para repetir después esos códigos sociales tradicionales. Y como la corrupción es la tradición más arraiga, como costumbre, nuestras autoridades nada harán para cambiar las cosas, sino discursear y desahogarse en los medios de incomunicación, contentando psicológicamente a las mentes de consumo masivo y citadino.


                                                                                  Cochabamba, 14 de Febrero de 2012.


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