Max Murillo Mendoza
Los intelectuales “orgánicos” que responden a García Linera, en ese texto de la “Mascarada del Poder”, lamentablemente lo hacen también en los términos que ellos mismos le critican a Linera: insultando y vomitando odio resentido. En algún caso al propio Evo Morales, de gente que cree que es representante y “pensador” de indios y campesinos. Ninguno de estos intelectuales “orgánicos” hace referencia a sus actividades políticas y laborales, y habrían sido más coherentes intelectualmente, porque muchos de ellos son funcionarios de ONGs, o han gozado del poder de estas instituciones. Algunos han sido años diputados, senadores y asesores de Evo Morales, es decir todos son parte del poder. Estando dentro de sus muros o fuera de ellos. Pero son partidarios de esa enfermedad del poder, y sus beneficios colaterales, a nombre de las bases, a nombre del pueblo, a nombre de campesinos e indígenas.
Sin embargo es saludable que se reabran debates, todavía más respecto a este asunto llamado “Proceso de Cambio”. En esa línea valoro dicho texto porque nos abre una ventana más al quehacer necesario de las ideas, y los aportes. Pues veo por supuesto aportes, sobre todo en la crítica que se hace hacia el tema de la Nacionalización de Hidrocarburos. Ahí hay apuntes necesarios a considerar, que terminaron como dicen los críticos de manera trágica en el gasolinazo de diciembre del 2.010. Y en lo que respecta a la ausencia de políticas de estado, costumbre asumida por todos en esa visión oligárquica de vivir sin estado, para aprovechar de ese desorden y robar a mansalva todo lo que se pueda. Es interesante también notar que todos estos intelectuales “orgánicos”, ya asumen como suyo los términos de indígena y campesino. La izquierda, de donde provienen todos estos intelectuales, es tan oligárquica y racista como la derecha. Y en muchos casos y procesos de nuestra historia, ha hecho más daño que la misma derecha. Y sus aportes intelectuales, con contadas excepciones, han sido nulas o mediocres desde siempre. Hoy asumen definitivamente, como resultado de procesos externos a ellos, los términos de indígena y campesino como parte de su léxico. También es un avance, tratándose de esta izquierda boliviana tan racista y pigmentocrática, como la de sus padres latifundistas y oligárquicos.
Linera es parte de esa izquierda. Le toca asumir las riendas del poder, con todas las consecuencias que ello supone. Supone también tener claro que la izquierda en Bolivia nunca tuvo una lectura clara y precisa del país en el que se encuentra. Que salía de la servidumbre del neoliberalismo, en el que fueron los asesores, los consultores del modelo y los lacayos perfectos. Eran la mano de obra calificada de la oligarquía. Los vientos indígenas les sorprendieron. Y se arrimaron a estos vientos como se arrimaron a los vientos del movimiento obrero minero. En el caso de los vientos indígenas con mejor suerte y mejor perspectiva de desahogo. En esto no debería sorprendernos. Siempre fueron furgón de cola de los procesos de cambio. Y, además, debemos tener claro que la izquierda es clase media, alta y baja. Es decir extranjera o blancoide mestiza. Y desde esas clases nunca tuvieron una visión precisa del país profundo. Desde esas clases comparten consciente o inconscientemente con las visiones desarrollistas y civilizatorias de las oligarquías. Sus colegios privados (mayoritariamente de la iglesia católica), y hoy sus universidades privadas, están absolutamente tan cerradas y alejadas de la realidad rural, que siguen conviviendo con las imágenes de que los indios somos nomás ciudadanos de segunda y tercera categoría. Esos esquemas mentales están tan vigentes como en el siglo XX, XIX y antes. Con esos esquemas mentales dibujan a Evo Morales como mal educado, mal criado y desviado de las directrices y modas actuales: ecológicas, del buen vivir, de los sueños y revoluciones de izquierda.
La izquierda tendría que empezar la crítica y autocrítica desde adentro, desde ellos mismos. Desde sus colegios donde se educan sus hijos, y se educaron ellos. Desde sus instituciones desarrollistas y progresistas. En esos espacios no son precisamente de izquierda, y dejan desde siempre la reproducción de las mentalidades antiindígenas y anti bolivianas. La izquierda necesita nacionalizarse así misma. Y empezar en casa, incluso en familia. Necesitan de un jara kiri espiritual y probablemente de clase. La izquierda necesita descolonizarse, y dejar de una vez por todas sus mitos revolucionarios de ser los iluminados y los pensadores de los demás. En todo eso hasta hoy siguen siendo un fracaso, y un freno para los procesos sociales de este país.
La real politik, es decir lo concreto y lo clásico siguen nomás sus caminos: ausencia de estado, es decir de políticas de estado, corrupción generalizada, discursos para contentar a los oídos y a los desahogos, utilización y manipulación de organizaciones sociales, prebendalismos congénitos y nefastos, arribismos, oportunismos, etc, etc. Porque la izquierda jamás escucha al país profundo, jamás escuchó nuestras voces y sentimientos. La izquierda no investiga o averigua, copia textos de sus autores preferidos extranjeros y los “adapta” a nuestra realidad. La izquierda no crea, no inventa. No hace el trabajo de artesano y obrero: tiene mentalidad de patrón y mandamás. Y por supuesto que su papel seguirá siendo el de joder procesos sociales, como el presente. Estén en la oposición o en el oficialismo son lo mismo.
Vila-Vila, Norte de Potosí, 29 de Enero de 2012.

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