Max Murillo Mendoza
Una cosa ha sido el movimiento obrero minero y fabril como parte de lo que fue la izquierda, como componente básico y clasista, en contra de las oligarquías diversas. La historia se encargó de reseñar en algo esos gloriosos acontecimientos bañados de sangre y masacres, en distintas épocas. Pero otra cosa son las cúpulas de esas izquierdas, es decir las oligarquías de izquierda que a nombre de obreros y campesinos disfrutaron de “exilios” y financiamientos de proyectos y otras cosas personales que jamás fueron parte de las luchas obreras y campesinas, sino de robos descarados para provechos personales y familiares a costa del sacrificio de obreros y campesinos. De esas historias de impostura y doble rostro no se han escrito todavía nada; y es necesario desenmascarar a todos esos vasallos y escoria de las oligarquías, que sin embargo se prestaron a jugar como parte de la izquierda. Aquí hay demasiadas coincidencias entre miristas, emebelistas, troskistas, socialistas y ramas afines pequeñoburguesas, que hoy en día critican al proceso de cambio “como proceso traicionado”, o “descarrilado”.
Estas oligarquías de izquierda jamás contaron con intelectuales o pensadores que reflejaran nuestras realidades, sino parlanchines y copiadores de modelitos foráneos triunfalistas para implantar en nuestras realidades. Pensadores como Zavaleta Mercado o Quiroga Santa Cruz son más bien accidentes raros, en medio de la mediocridad generalizada de las cúpulas izquierdistas. Cúpulas tan racistas y pigmentocráticas como la de sus padres de las oligarquías de derecha y colonialistas. Y estas cúpulas se incrustaron en los ministerios, alcaldías y gobernaciones a nombre de los procesos de cambio. Estas izquierdas jamás respondieron al pueblo o a las razones éticas, sino a su bolsillo y sus intereses de clase. Aprovecharon el triunfalismo barato de Evo Morales, que embelesado por las revoluciones de Cuba y Venezuela sueña en las izquierdas de Bolivia, que nada tienen que ver con las izquierdas de esas realidades. Las izquierdas en Bolivia son enfermas y fracasadas. Derrotadas hace mucho por la historia y su mismo peso: oligarcas y oportunistas. Sin lecturas ni investigaciones de nuestras realidades. Especialistas en mangueo al llamado estado vía universidades y otras entidades. Pero nada y absolutamente nada les interesa de los intereses del estado. Son alimañas y garrapatas vividoras y consumistas de la peor especie.
Estas colonias de izquierda especializadas en vivir bien, se encuentran al interior del gobierno actual, y en la oposición se aglutinan en torno al mirista Juan del Granado: doctorcito que sueña ser el galán de la “izquierda” actual. Y hay otros grupitos que se envalentonan después del fiasco que fue la cuestión del TIPNIS. Todos esos oportunistas y vividores consideran que pueden aglutinarse ante el fracaso del MAS. Las excusas que encuentran son muchas: peleas territoriales entre municipios, gobernaciones, etc. Reclamos de chuteros o contrabandistas de autos, asuntos de cajas de salud, etc. Existen una variedad inmensa de excusas para infiltrarse y atacar al gobierno.
Lamentablemente en esta gama de oportunidades políticas, no salen a la palestra otras posibilidades. Los movimientos sociales y organizaciones sociales han sido divididas por el MAS, y por tanto debilitadas. Ahí existe una deuda pendiente a trabajar para restablecer esos causes políticos y estratégicos. Pero tampoco se fortalecen los movimientos nacionalistas autóctonos. Es decir de las naciones quechuas, aymaras o guaraníes. Que sería una de las pautas más esperanzadoras de estos tiempos de cambio. El país requiere de la radicalidad nacionalista autóctona, pura y auténtica. Que definitivamente entierre a esa vieja, escolástica, colonial y sátrapa enfermedad de izquierdas. Estas cúpulas de fracasados jamás tuvieron alternativas ni proyectos de Estado. Para sobrevivir y existencialmente tener sentido necesitaron de dictaduras, necesitaron de sus padres, que les persiguieran y les exiliaran. Pero nunca tuvieron realmente un proyecto de país y Estado. Hoy en día se incrustan como virus en las estructuras del MAS, y por supuesto en las oposiciones de distintos colores y gustos.
Sólo los movimientos nacionalistas autóctonos, nacidas en medio de estas catástrofes destructoras y anti bolivianas mentalidades de izquierda colonialistas, nos darán esperanzas de seguir con nuestros sueños. Todo lo demás ya ha sido probado, y demostrado que no funciona porque sus estructuras fracasadas y mentalidades ajenas a nuestras realidades definitivamente no pertenecen a nuestras mentalidades. Esos enlatados y apocalípticos modelos no son nuestros. Esas costumbres copiadoras e imitadoras nos han hecho demasiado daño. Y siguen destruyendo a nuestras organizaciones porque consideran que es normal servirse y destruirnos, porque así han sido programados y entrenados. Ya es tiempo de mirar los hechos, no oír las palabras engañosas y mentirosas. Es tiempo de volcar nuestros esfuerzos a nuestros propios rostros y mentalidades. No necesitamos nada prestado. Evo Morales y las organizaciones sociales están pagando demasiado caro el prestarse a jugar con estas mentalidades destructoras y auto destructoras. No podemos seguir repitiendo las historias conocidas, como círculos viciosos y enfermizos. Rompamos esas linealidades teleológicas y escolásticas del fracaso de la izquierda colonial. Volquemos nuestra mirada a lo nuestro, y lo nuestro está aquí con nosotros mismos.
Cochabamba, 8 de Noviembre de 2011.

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