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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LAS CALENDAS GRIEGAS DE LA EDUCACIÓN EN BOLIVIA


                                                                                                         Max Murillo Mendoza

Encuentros y encuentros; talleres y presentaciones de libros de investigaciones mostrando la tragedia griega de varios capítulos del sistema educativo boliviano, como moda para instituciones y personas investigadoras. Servirá para algo todo este despliegue enorme de recursos e instituciones? Por el tema de incidencia se realizan demasiados encuentros; pero realmente servirán en la práctica dichas recomendaciones? Qué, además, no son ninguna novedad, con sus matices, relatar esta tragedia que lleva ya demasiados años, sin que nadie (ni siquiera gobiernos) puedan hacer algo al respecto.

El llamado Estado, intentó hacer presencia en lugares inaccesibles de Bolivia después de la revolución del 52. De esa presencia se encargó a los sistemas educativos y de salud. En su momento significó grandes conquistas porque nada había en la mayoría del territorio boliviano, pues a las oligarquías no les importaba un comino los derechos de nuestras nacionalidades. Esas oligarquías de mentalidad enana e ignorante, soñaban con desarrollos y progresos allende los mares; sin ni siquiera entender un ápice de sus procesos y pasos a seguir. Por lo que nosotros, en sus estrechas mentalidades e ignorancias, éramos un escollo y obstáculo en esos sueños. No pudieron eliminarnos totalmente por razones estructurales y económicas. Y en el proceso del 52, los hijos del latifundio, que eran las clases a medias encargadas de la administración, ampliaron la presencia del estado. Sin embargo, hasta hoy, esa presencia siempre significó una educación de tercera categoría. Porque esos administradores de la revolución tenían a sus hijos en colegios particulares o privados, sobre todo de la iglesia católica. Es decir, esas mentalidades pigmentocráticas y segregadoras nunca dejaron de ser lo que en esencia son. No necesitan de un Estado, sino para robar y asaltar. Porque ellos tienen resuelto desde siempre sus intereses, y en lo educativo no debe parecernos raro ese asunto. En Bolivia siempre hubo muchas historias y muchas dimensiones paralelas. Unas para las colonias y oligarquías de derecha e izquierda; y otras para nuestras nacionalidades y pobres de estos territorios. Todos los analistas e investigadores y estudiosos de lo educativo, por ejemplo, tienen a sus hijos en colegios privados. Desde siempre eso no ha cambiado, ni mucho menos.

Con el tiempo y los años, los sindicatos del magisterio se convirtieron en cómplices de este estado de cosas. Son sectores privilegiados de todos los gobiernos porque su poder corporativo fue alimentado por todos los gobiernos. Estos sectores son los más conservadores y reaccionarios ante los posibles cambios. Y el gobierno actual intenta, por supuesto, ganarles a su causa con regalitos de computadoras y privilegios para sacar adelante licenciaturas en poco tiempo, es decir intenta corporativamente asumirles políticamente frente a los escollos actuales. Por lo que puedo inmediatamente inferir que no cambiará nada de lo que fue desde siempre el famoso sistema educativo boliviano. Las Leyes son las leyes. Los papelitos son los papelitos; pero la dura realidad va por sus lados, por otros lados.

Mientras el magisterio siga teniendo el poder de los poderes en lo educativo, nada cambiará de esta dura realidad. Mientras los sindicatos sigan defendiendo a alcohólicos, en el área rural, violadores, trabajadores a medio tiempo o incluso de vacaciones permanentes, saboteadores, castas pueblerinas (hoy masistas por la moda y las estrategias de sobrevivencia), oligarquías regionales dueñas de las normales rurales, y discriminadores permanentes como en zonas del norte de Potosí, pues nada cambiara. Hoy inauguramos una nueva Ley Educativa, que intentará “cambiar” oficinas y títulos de trámites; pero en lo educativo nada cambiará. Las razones son demasiado evidentes. Las castas citadinas, de izquierda y derecha, no necesitan Estado, sino para plantearse negocios; pero en lo educativo y en temas de salud ellos tienen resuelto con lo privado. El llamado estado seguirá siendo lo que es: un instrumento político de robo y asalto al ciudadano de a pie, con sus instrumentos de presencia territorial de tercera categoría como son los sistemas de Educación y Salud.

Sólo nuestras nacionalidades pueden darnos verdaderamente Estados reales, que respondan a nuestras necesidades y desafíos. Las actuales circunstancias nada nos darán, sino más de lo mismo: discursos baratos y muchos discursos de cambios y renovaciones. Probablemente necesitemos, otra vez, una revolución para cambiar este estado de cosas. Porque como vamos nuestros deseos de cambios están condenados a las calendas griegas.

                                                                              Cochabamba, 9 de Noviembre de 2011.


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