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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿LOS CÍRCULOS DE INTELECTUALES EXISTEN EN BOLIVIA?


                                                                                                              Max Murillo Mendoza

Cuando nos referimos al tema de círculos (me refiero a tendencias y escuelas) de intelectuales, suponemos que tenemos, en Bolivia, grupos de escritores y teóricos dedicados al arte y al gusto de pensar, y reflexionar creando ideas y pistas para entregarnos después dichas pistas y hacernos gustar con esos encantos que el arte suele dar y entregar. Ocurre que en Bolivia no hay círculos, sino familias, clanes, compadres, vecinos políticos (de derecha e izquierda es igual), clases altas y medias también compinches de camaradería, que gracias a su posición económica pueden dedicarse, no importa su mediocridad congénita, al arte de escribir y pensar, por tanto de producir libros y folletos para alabarse después entre ellos, como ritos de gurus endógenos, sin criticarse ni producir crítica alguna. Porque en estos “círculos de cuates de provincia” no existe la crítica. Todos son los capos y especialistas en producción literaria e histórica, etc. Intocables.

En Bolivia no hay escritores y pensadores de las nacionalidades diversas porque han sido condenados, prohibidos e históricamente y estructuralmente desplazados de la historia oficial. Lo que sobra y sigue existiendo son los portavoces de la historia oficial, de aquella que no ha cambiado sino la pinta de lo político con el MAS. Y el MAS no tiene políticas de Estado en este tema, porque no tiene idea de lo que es Estado, porque sigue con el mamarracho del estado colonial y republicano. Y todos los funcionarios públicos, es decir los escribidores, cuidadores, amantes, sacrificados, dedicados, y sufridos por los documentos de la historia oficial colonial y republicana son nomás los mismos de siempre. Las modas ideológicas pasan; pero no los intereses de estos grupitos coloniales que se acomodan a estas modas. Hoy probablemente son de izquierda e incluso indigenistas, quizás ecologistas. Todo es posible en sus camaleónicas especialidades por resguardar sus intereses.

Los pocos intelectuales y escritores quechuas, aymaras y guaraníes, están en la periferia de estos circuitos de cuates y clanes familiares, dueños de todos los circuitos de “pensadores” de este estado colonial. Y estos “dueños” históricos son pues intocables. No importa su mediocridad y falta de creatividad absoluta. Desde siempre el estado colonial resguarda también el punto de vista de los vencedores, es decir de la historia oficial. Los financiamientos circulan en estos clanes familiares, por lo que las investigaciones y las producciones literarias tienen dueños absolutos: son los mismos colonialistas y republicanos que protegen los intereses de los vencedores de nuestros pueblos y nacionalidades. En esencia esa realidad no ha cambiado, sino algunos parches y asuntos de popularidad panfletaria.

Sólo nuestros estados nacionales y nacionalistas serán la garantía de creación de espacios, de financiamientos y políticas de apoyo a nuestros pensadores y literatos. No es posible todo eso con este estado colonial. Los “dueños de la historia oficial” seguirán como funcionarios públicos, protegidos y resguardados por los clanes familiares de siempre. A nombre de continuidad funcionaria y calidad profesional, seguirán protegiendo los profundos intereses coloniales que no les interesan en nada las situaciones del pensamiento quechua, aymara o guaraní. En esas mentalidades donde es palpable la ausencia del liberalismo o librepensamiento intelectual occidental: no quieren competencia ni democratización del saber y del pensamiento. No, son los dueños absolutos del pensamiento y los pensadores de las nacionalidades seguimos siendo herejes u ocurrencias marginales en contra de lo establecido. Se pelean entre ellos por los puestos de trabajo, sin considerar un ápice el significado de las estrategias de un Estado: Identidad. Porque estos “pensadores” del colonialismo no pueden tener identidad alguna, no pueden ver ni mucho menos nuestras realidades. No tienen ni lo uno ni lo otro. Defienden lo sagrado de la historia oficial: los documentos oficiales de la justificación colonial y republicana de la invasión de nuestros espacios y la destrucción de nuestras historias. Eso no pueden dejar en nuestras manos, porque saben que son los custodios de documentos que pueden ser interpretados a nuestra manera. Los destinos de la historia oficial están en sus manos. Y tienen miedo de perder esos ojos que les han guiado ciegamente hasta hoy.


                                                                                    Cochabamba, 21 de Noviembre de 2011

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