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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

martes, 8 de mayo de 2012

ANIVERSARIO DE LOS INDIGNADOS ESPAÑOLES: 15-M




                                                                                                Max Murillo Mendoza



Recuerdo, a mi paso por Europa en el 2.008, que en Madrid y Zaragoza donde me alojé pasando por España en esa gira europea, que los españoles empezaban a sentir la crisis, provocada por Estados Unidos y sus trampas y engaños de sus bolsas de valores. Pero realmente nadie se imaginaba lo que se venía. Eran las elecciones norteamericanas, noviembre de ese año. Se elegía a Obama y había un entusiasmo generalizado en el viejo continente, sobre todo entre los jóvenes y sectores anti sistema. Nos amanecimos ese día, con unas cervezas belgas, para presenciar ese hito norteamericano. Sin embargo, a estas alturas, las esperanzas se esfumaron. Los sueños gringos se hicieron papilla. Y nada de lo que se pensaba ha sucedido, todo lo contrario el mundo gringo tambalea y se destruye lentamente, con sus valores y su moral occidental que ya  no representan a nada.



No sólo es una crisis económica, considero que es un asunto más profundo. Es una transición y un reacomodo a una época oscura e intolerante, producto del usufructo y saqueo mundial de las riquezas, y su despilfarro irracional por unos pocos países ricos. Eso ha llegado a su fin. El despertar del mundo, sobre todo del sur, reclama que esas riquezas deben quedarse donde están, para las personas de esos lugares, y entonces pues, ya muy poco se irá al norte. Por eso se explican las guerras de ocupación: petróleo y otras riquezas. Y eso de las sociedades post-modernas donde ya no era necesario los minerales ni el petróleo está bien para engañar a los estudiantes de primer año universitario, y a los abuelos que ya nada tienen que hacer en este mundo. Las sociedades del conocimiento son cuentos de hadas y novelistas tuertos de ciencia ficción. La realidad es que el sistema sigue hambriento y está roto; pero no tiene alternativas, por lo que eso mismo le hace muy peligroso y antidemocrático.



Esta transición ha encontrado a la izquierda europea y gringa en pelotas. No tiene sueños y se quedó anclada allá en los trasnoches del postmodernismo. En la ilusión de la eternidad de sus sociedades del bienestar total. Pensaron que sus privilegios les durarían mil años, como el sueño de Hitler. Y apenas duró medio siglo. La fiesta se terminó y ahora empieza la desocupación, el hambre, la angustia, la sobrevivencia y la humillación. Los jóvenes son los más sacrificados. En el caso de España este asunto escala hasta la humillación misma: rebaja de sueldos, despidos masivos sin derechos algunos, donde pisotear la dignidad humana más mínima ya no les avergüenza. Europa se derechiza y pierde su poca autoridad moral que le quedaba históricamente. Los jóvenes indignados, sin creatividad alguna, reaccionan a la humillación, sin rumbo claro, sin objetivos claros y, lo más grave, sin proponer nada a ellos mismos. Es la reacción de la bronca, pero domesticados y drogados como están por el sistema no pueden realmente reaccionar. Europa se ha olvidado de su pasado: ya no pueden hacer revoluciones, ni siquiera cambios mínimos posibles.



La palabra esperanza suena también a engaño. A promesas políticas de mal gusto y pasadas de moda. En el sur de este mundo ya tenemos experiencia al respecto. Por eso no creo que haya secretos, los europeos tienen todo el derecho de hacer y deshacer en lo suyo: si quieren sobrevivir tienen que ser radicales y no tener miedo a la palabra destrucción. Las revoluciones y los cambios requieren de dosis de destrucción, de rehacer las cosas, de empezar de cero, de cambiar de tablero de ajedrez. En Bolivia, a pesar de los terribles errores y cobardías de los gobernantes de clases medias izquierdistas, se intenta precisamente eso: cambiar las lógicas mentales y sociales, absolutamente conservadoras y señoriales, y racistas y pigmentocráticas. Sin identidad con lo nuestro. Donde las clases altas y medias se avergüenzan de lo nuestro, se avergüenzan de nuestras culturas, de nuestras costumbres y lógicas culturales y económicas. Pues ante semejantes desafíos y enormes retos,  no nos hemos acobardado ni mucho menos. Si para esto se requerirán guerras y sangre pues lo haremos sin ningún temor; porque será parte del proceso, como en las mejores épocas de la Europa rebelde y revolucionaria.



No existen secretos en esta vida. Los europeos, simplemente tienen que regresar a sus raíces, nada más y nada menos.



                                                                            Cochabamba, 8 de mayo de 2012.








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