Max Murillo Mendoza
Recuerdo, a mi paso por Europa en el 2.008, que en Madrid y Zaragoza
donde me alojé pasando por España en esa gira europea, que los españoles
empezaban a sentir la crisis, provocada por Estados Unidos y sus trampas y
engaños de sus bolsas de valores. Pero realmente nadie se imaginaba lo que se
venía. Eran las elecciones norteamericanas, noviembre de ese año. Se elegía a
Obama y había un entusiasmo generalizado en el viejo continente, sobre todo
entre los jóvenes y sectores anti sistema. Nos amanecimos ese día, con unas
cervezas belgas, para presenciar ese hito norteamericano. Sin embargo, a estas
alturas, las esperanzas se esfumaron. Los sueños gringos se hicieron papilla. Y
nada de lo que se pensaba ha sucedido, todo lo contrario el mundo gringo
tambalea y se destruye lentamente, con sus valores y su moral occidental que
ya no representan a nada.
No sólo es una crisis económica, considero que es un asunto más
profundo. Es una transición y un reacomodo a una época oscura e intolerante,
producto del usufructo y saqueo mundial de las riquezas, y su despilfarro
irracional por unos pocos países ricos. Eso ha llegado a su fin. El despertar
del mundo, sobre todo del sur, reclama que esas riquezas deben quedarse donde
están, para las personas de esos lugares, y entonces pues, ya muy poco se irá
al norte. Por eso se explican las guerras de ocupación: petróleo y otras
riquezas. Y eso de las sociedades post-modernas donde ya no era necesario los
minerales ni el petróleo está bien para engañar a los estudiantes de primer año
universitario, y a los abuelos que ya nada tienen que hacer en este mundo. Las
sociedades del conocimiento son cuentos de hadas y novelistas tuertos de
ciencia ficción. La realidad es que el sistema sigue hambriento y está roto;
pero no tiene alternativas, por lo que eso mismo le hace muy peligroso y
antidemocrático.
Esta transición ha encontrado a la izquierda europea y gringa en
pelotas. No tiene sueños y se quedó anclada allá en los trasnoches del
postmodernismo. En la ilusión de la eternidad de sus sociedades del bienestar
total. Pensaron que sus privilegios les durarían mil años, como el sueño de
Hitler. Y apenas duró medio siglo. La fiesta se terminó y ahora empieza la
desocupación, el hambre, la angustia, la sobrevivencia y la humillación. Los
jóvenes son los más sacrificados. En el caso de España este asunto escala hasta
la humillación misma: rebaja de sueldos, despidos masivos sin derechos algunos,
donde pisotear la dignidad humana más mínima ya no les avergüenza. Europa se
derechiza y pierde su poca autoridad moral que le quedaba históricamente. Los
jóvenes indignados, sin creatividad alguna, reaccionan a la humillación, sin
rumbo claro, sin objetivos claros y, lo más grave, sin proponer nada a ellos
mismos. Es la reacción de la bronca, pero domesticados y drogados como están
por el sistema no pueden realmente reaccionar. Europa se ha olvidado de su
pasado: ya no pueden hacer revoluciones, ni siquiera cambios mínimos posibles.
La palabra esperanza suena también a engaño. A promesas políticas de
mal gusto y pasadas de moda. En el sur de este mundo ya tenemos experiencia al
respecto. Por eso no creo que haya secretos, los europeos tienen todo el
derecho de hacer y deshacer en lo suyo: si quieren sobrevivir tienen que ser
radicales y no tener miedo a la palabra destrucción. Las revoluciones y los
cambios requieren de dosis de destrucción, de rehacer las cosas, de empezar de
cero, de cambiar de tablero de ajedrez. En Bolivia, a pesar de los terribles
errores y cobardías de los gobernantes de clases medias izquierdistas, se
intenta precisamente eso: cambiar las lógicas mentales y sociales,
absolutamente conservadoras y señoriales, y racistas y pigmentocráticas. Sin identidad
con lo nuestro. Donde las clases altas y medias se avergüenzan de lo nuestro,
se avergüenzan de nuestras culturas, de nuestras costumbres y lógicas
culturales y económicas. Pues ante semejantes desafíos y enormes retos, no nos hemos acobardado ni mucho menos. Si
para esto se requerirán guerras y sangre pues lo haremos sin ningún temor;
porque será parte del proceso, como en las mejores épocas de la Europa rebelde
y revolucionaria.
No existen secretos en esta vida. Los europeos, simplemente tienen que
regresar a sus raíces, nada más y nada menos.
Cochabamba, 8 de mayo de 2012.

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