Max Murillo Mendoza
Occidente, como civilización, otorgó al mundo aportes importantes como
interesantes. No sólo en lo científico, sino también en lo intelectual y el
pensamiento. Pero como civilización tiene también su rostro cruel y sangriento,
antidemocrático y colonizador. Y en estos últimos tiempos, desde hace cien
años, muestra más su rostro cruel, sangriento e hipócrita. La colonización jugó
el despegue del mercantilismo y la industrialización. Intentó en ese mismo
juego exportar sus ideas de liberalismo, democracia y derechos humanos. Ideas
que no han sido plantadas con éxito en lugares del llamado tercer mundo. Donde prefirieron
profundizar las mentalidades feudales, latifundistas y coloniales, por razones
de expoliación y saqueo de nuestras riquezas. Y ahí empieza lo jodido del
asunto occidental.
Hoy sus llamadas democracias, que desde siempre eran las fascinaciones
de las oligarquías tercermundistas, están en bancarrota. Y están en bancarrota
porque la podredumbre de sus sistemas ya no funcionan, han sido asaltadas y
prostituidas por grupos de poder que ya nada tienen que ver con aquellos
soñadores de los siglos XIX e inicios del XX. De todos modos sus cómodas
democracias, sólo eran para ellos. Los bárbaros, los no occidentales no
merecíamos esos sistemas. A lo sumo, sus cristianas mentalidades acudían al
lavado de conciencia para otorgar ayudas al tercer mundo. Pero no para cambiar
las realidades, sino para seguir manteniéndolas como estaban.
Es decir no es casual, no es obra de dios o de la suerte, que
precisamente sus cómodas democracias coincidan con elevados modelos de
desarrollo económico. Esa hipocresía es producto de la inmoral manera de pensar
el reparto del mundo. Sus desarrollos son, al mismo tiempo, crueles y sistemas
anti éticos e inmoralmente cabrones: gracias a las tragedias que sus sistemas
producen en el tercer mundo. Hace tiempo leí de algún escritor: no hay polis
griega sin esclavos, como no hay viajes espaciales sin tercer mundo. Esa es la
crueldad de las mentalidades occidentales, conscientes e inconscientes. Los
resultados son absolutamente elocuentes: cambio climático, hambre, desocupación
e incertidumbre total hacia el futuro. El hombre occidental está sólo y
errático. No sabe adónde va. Su Dios le ha abandonado. Lo único que le queda es
el desahogo sangriento: la guerra, el odio al mundo, la venganza hacia las
otras culturas y la destrucción de sí mismos. Cree ciegamente en su tecnología,
como el último grito de salvación: irse de la tierra a otros confines del
universo. Occidente ha caído en lo patológico de su pensamiento: la solución es
la guerra, y se pavonean mostrando como bellezas y putas lindas, toda su
tecnología guerrera. Para matar al otro. Para asesinar a quiénes no comparten
con sus sociedades que son cementerios modernos y crueles.
Ese juego hipócrita y cruel, llamada democracia occidental, está en
decadencia existencial. En realidad esos pueblos occidentales ya no eligen a
sus representantes. Quizás nunca los eligieron, sino como circo romano para
tener algunos beneficios y algo de pan. Pero hoy es demasiado evidente que ese
sistema llamada democracia, es un engaño total y absoluto. Esas sociedades
modernas, están ciegas y domesticadas, adormecidas y enceguecidas en sus torpes
formas sociales de creencias hacia sus dirigentes. Ya no piensan, sólo actúan.
La televisión y el internet han reemplazado a sus cerebros. Sólo obedecen lo
que dicen esos aparatos inteligentes: votar por cual o tal asesino, etc. La
sofisticación de esas llamadas democracias, han adormecido a esos pueblos al
grado de hipnotizarlos y hacerles votar por cabrones, oligarcas, y personas que
nada tienen ya de democráticos y creyentes en sus pueblos. Incluso estúpidos
que estarán listos para cualquier trabajo sucio hacia el mundo: invadir,
bombardear, asesinar, corromper, robar y asaltar. Piratas modernos y
democráticos.
Occidente está en decadencia. Es un asco. Y no son palabras o
sentimientos de odio. Es una realidad. Occidente ya no es un ejemplo, nunca lo
fue; pero tuvieron momentos donde al menos ofrecían algo de liberalismo o derechos
humanos. Hoy da repugnancia. Su doble
moral, como dicen ellos mismos, nos hace vomitar todos los días, porque todos
los días bombardean, asesinan, roban y asaltan por todo el mundo. Su
sofisticación responde a esa lógica de crueldad. Sus medios de incomunicación
simplemente siguen exportando su modelo democrático, como si nada pasara, como
si nada sucediera con su hipocresía y su destrucción cotidiana. Venden armas a
los más asesinos y dictadores del mundo. Se ríen del cambio climático. Y en su
soberbia invaden el país que les vengan en gana. O asesinan al que ya no les conviene en sus pensamientos. Lo
paradójico es que las oligarquías tercermundistas, siguen teniendo como modelo
y patrón a seguir, ciegamente, a ese modelo fracasado y cruel que es occidente.
Sus filósofos ya no tienen argumentos para defender dicha civilización. Están
hace tiempo callados y mudos de impotencia, razones no les faltan para ese
silencio: no se puede defender tanta crueldad e hipocresía junta. Su religión cristiana,
que es parte de toda esa parafernalia hipócrita, está de retirada, las
religiones milenarias de todas las civilizaciones antiguas están resucitando, y
empiezan a humanizar y curar las heridas, los dolores espirituales que occidente
ha causado a lo largo de estas décadas crueles y despiadadas.
Cochabamba, 20 de mayo de 2012.
