Max Murillo Mendoza
Internacionalmente la crisis del capitalismo se lleva la flor, y está en debate y análisis profundos y sesudos sobre sus causas y efectos. Para nosotros queda claro que sus operadores y sacerdotes sirvientes sin condiciones, capitalistas de provincia, se quedan sin discurso y sin marco teórico para justificar sus actos y pensamientos por estos lados del mundo. Estas mentalidades depredadoras y destructoras a nombre del desarrollo, ya no tienen el respaldo necesario y tienen que sentirse preocupados por su futuro, cada vez menos seguro y menos capitalista. Pero también más peligroso por la tentación de los mercados negros: más jugosos y fuera de toda norma y control.
Internamente ha sido un año de retrocesos y fracasos en el proceso de cambio. Enumerar dichas listas sería aburrido y mezquino. Quisiera más bien rescatar lo que considero positivo, a pesar de los pesares, de estos procesos complejos.
Queda claro que nuestros empujes de nuestras maneras sociales, antropológicas y mentales de ver el mundo, están avanzando. Ya no somos extraños y exiliados en nuestros propios territorios. Lo blancoide e invasor, lo extraño a nosotros y ajeno, empiezan a sentirnos y vernos de igual a igual. Al parecer por fin toman conciencia de que “sus territorios” son nuestros territorios y ancestrales territorios. Que hemos sido despojados a sangre y fuego. Y tratados como esclavos, migrantes y sirvientes en su historia colonial y republicana. Ya no pasamos desapercibidos, incluso en sus extranjerizantes canales de televisión aparecemos como habitantes de sus ciudades. Hasta en los más recalcitrantes racistas y coloniales medios de incomunicación, empiezan a mirar las costumbres “de sus provincias”. Nada de esto hubiera sido posible sin nuestros empujes y paciencia por los procesos sociales actuales.
Nuestras desventajas siguen siendo las herencias estructurales históricas y económicas, producto del desprecio y la marginación absoluta del llamado estado republicano. Resolver las desventajas estructurales nos llevará mucho tiempo todavía. Pelear contra mentalidades antiliberales y antidemocráticas es lo más complejo y difícil. Las mentalidades modernistas y de moda, es decir las que siguen vigentes en las estructuras de poder, son paradójicamente en Bolivia las más anticapitalistas y antiburguesas. Son guetos cerrados y familiares. De costumbres señoriales y oligárquicas, poco modernas en definitiva. Pero, tenemos que reconocer, implacables y fuertes. Sus intereses son enormes y no dejarán tan fácilmente en nuevas formas de estructuración, económica y social. Y nuestra pobreza sale a relucir a las calles en estas navidades. Tiene el sello de indígena.
El juego político también ha tenido avances por la presencia de las nacionalidades. Son bastiones ganados y consolidados. Hasta la ultraderecha más antiboliviana busca ahora ponchos y polleras, para adornar sus filas políticas. Sin embargo, hacer política en una estructura vieja como el estado republicano tiene sus consecuencias funestas. Las estructuras corruptas y anti ciudadanas por esencia, contaminan a las prácticas políticas, sobre todo en los municipios y prefecturas. Es una asignatura pendiente a resolver en este largo proceso de aprendizaje, en el manejo institucional de los aparatos estatales.
Nuestros desánimos son muchos. Los avances; aunque pocos, tienen que animarnos a seguir adelante. Educar y enseñar a convivir a unas oligarquías ignorantes, extranjerizantes y ajenas a nuestras costumbres y visiones, no son tareas fáciles y sencillas. Son tareas de generaciones. Nos ha tocado enfrentar esta dura realidad. Alfabetizar mentalidades coloniales antidemocráticas y antiliberales, son enormes hazañas sociales y no nos queda más remedio que asumirlas y enfrentarlas. Pero estos desafíos deben tener reciprocidades claras, de lo contrario sólo nos quedará la posibilidad del enfrentamiento y la solución por la fuerza. La pelota está en manos de todos; pero sobre todo en manos de los grupos de poder que tienen los medios económicos, y las posibilidades, de cambiar y rectificar los errores del pasado. Si no será su condena y su destierro mental y físico.
Cochabamba, 28 de Diciembre de 2011.

No hay comentarios:
Publicar un comentario