Datos personales

Mi foto
Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

jueves, 22 de diciembre de 2011

EL DESPITE HISTÓRICO DE LAS CLASES MEDIAS Y ALTAS

                                                                                                   Max Murillo Mendoza

La mirada externa es la característica clásica de las clases medias, a medias, altas, incluidas las coloniales. Desde siempre su principal preocupación es lo que sucede fuera de este país, lo interno es un capítulo que no tiene mayor relevancia para estas clases, sino para cuidar sus intereses: oscuros y legítimos. Sus medios de incomunicación, desde siempre, reflejan en la moda, los estilos, la economía, etc de lo que sucede afuera. La frivolidad estúpida de los artistas extranjeros es la noticia más importante, y algo de las tragedias que se suceden allende los mares. Por supuesto también las modas intelectuales, como enlatados y producidos para exportación y consumo masivo de estas  clases altas tercermundistas provincianas. En realidad, estas clases se reflejan en esos acontecimientos externos y extraños, en esas costumbres culturales ajenas a nuestras realidades y mentalidades. Copiar e imitar esos modelos extraños es su mayor realización de estos grupos coloniales, pues sus raíces están precisamente en esas tierras lejanas, y en esas mentalidades lejanas.

Lo interno reflejan como extraño a ellos: indios y cholos no educados, ignorantes respecto de sus mentalidades, bloqueadores, no civilizados, que en definitiva molestamos su “convivencia civilizada” y blancoide. De hecho la historia tradicional de estas clases es la historia de sus farras y dictaduras (sean democracias o no), y los enfrentamientos sangrientos con nuestros pueblos, sobre todo masacres y asesinatos. Sus mentalidades antiliberales no entienden de convivencias democráticas, sólo entienden del lenguaje de la fuerza. El lenguaje del resentimiento de que no estén en un espacio europeizado y blanqueado. Su ignorancia es tal de que definitivamente no entienden del lugar en que se encuentran. Sus lógicas son también para nosotros demasiado extrañas.

Pues no somos su referencia. Sus referencias son externas, extrañas y ajenas a nuestras costumbres y cosmovisiones. Excusas tienen a montones: desarrollo, progreso, civilización, adelantos, hábitos refinados que hay que copiar de dichas exóticas sociedades, etc. No interesa que, en sus ignorancias, esos referentes estén en crisis profunda, casi terminal y grotesca, como modelos de sociedad. Porque la civilización occidental se derrumba y ya nada puede enseñar, sino muerte, odio y amargura. Es una civilización guerrera y vengativa. Las convivencias civilizadas sólo son para los libros y las teorías, de eso sí saben. Pero sus prácticas son horrendas, criminales y destructivas como mentalidades. Nosotros sí sabemos lo que son sus representantes: nuestras historias están bañadas de sangre y odio occidental. No entienden del distinto, del otro. Su cristianismo es simple rencor y odio disimulado: colonial, “superiores a otras religiones”, a otras maneras religiosas de interpretar la vida.

Y estos grupos coloniales, ignorantes de nuestras realidades, se disputaron desde siempre los destinos de nuestras realidades. No supieron construir un espacio o nación. Porque no hicieron un Estado. Porque sus referencias siempre fueron externas y extrañas a nuestras maneras de ser. Tampoco podían eliminarnos (aunque lo intentaron), sus maneras esclavistas de ver estos territorios no les permitió deshacerse de nosotros. Nosotros desde siempre fuimos sus esclavos, es decir su base económica, su infraestructura económica. Desde siempre también, su enfermiza modernidad sólo era de discurso, de farra y pinta. Sus prácticas económicas y sociales son anticapitalistas, antiburguesas y antiliberales. Absolutamente provincianas y saqueadoras, sin mentalidad de inversión y apuesta. Por eso su apego al enriquecimiento rápido e ilícito. Al saqueo a mansalva. Y a la brutalidad.

La medida de las cosas de estos grupos de poder coloniales son externas. Son grupos ajenos a nosotros. Pertenecen a otras realidades. Pero están aquí. Y con el tiempo debemos pensar qué hacer con estos grupos, si es que no entienden que estas realidades son nuestras. Si es que no se incluyen a nuestras maneras de ver el mundo, pues se tiene que pensar qué hacer con estos grupos. Si siguen bloqueando a nuestras formas económicas y sociales, realmente tienen que ser interpelados: se quedan por aquí? O quizás mejor ayudarles a partir a sus propias realidades y culturas y mentalidades. No importa si hayan pasado siglos de sus importaciones e invasiones, los hechos históricos demuestran que no están acostumbrados a estas realidades. Que no se sienten representados en estos territorios. Porque precisamente son externos y ajenos, pertenecen a otras culturas y países. Sus supuestos mestizajes son ficción y de discurso. No quieren mezclarse mental y culturalmente: no quieren mestizaje.

Al parecer los hechos nos llevarán a definir muy pronto lo que tenemos que hacer con estos grupos coloniales, si es que no toman actitudes de respeto a lo nuestro. No hay demasiadas alternativas.


                                                                                  Cochabamba, 21 de Diciembre de 2011.

No hay comentarios:

Publicar un comentario