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Historiador, director de institución de Desarrollo Rural en municipios.

miércoles, 11 de enero de 2012

11 DE ENERO: FIN DE UNA MENTIRA OLIGARQUICA


                                                                                                          Max Murillo Mendoza

El 11 de enero del 2.007 se cayeron las caretas de los grupos oligárquicos dizque “mestizos” de Cochabamba. Dichos grupos y sus “intelectuales”, sobre todo sociólogos, siempre vendieron la imagen de que Cochabamba era lo más mestizo y boliviano del país, donde por fin las razas, mentalidades y costumbres se habían sincretizado con el paso del tiempo, y habría salido algo realmente propio y genuino como cultura. Tal mentira y descaro fue destruido por los acontecimientos del 11 de enero del 2.007. Las hordas fascistoides de los grupos dominantes y racistas, sacaron todo su odio y rencor hacia este país. Salieron a flote sus verdaderas mentalidades pigmentocráticas y anti indígenas, es decir anti bolivianas. Sus ignorantes maneras poco democráticas y costumbristamente poco liberales, salieron a relucir recordando a sus padres latifundistas y señoriales. Los patroncitos no podían permitir que sus ex pongos tomaran la ciudad y se sublevaran.

No se hicieron investigaciones sobre estos acontecimientos, porque los intelectuales de profesión pertenecen a los grupos dominantes, que así mismos no pueden criticarse y quemarse. Son de las mismas castas señoriales, que no tocarán estos temas de mentalidades porque tienen prohibido tocar tabús grupales y señoriales. Mejor seguir nomás con las mentiras y el miedo. La crítica nunca fue una virtud de estos grupos señoriales y patronales. Y como van las cosas no se tocarán estos temas cruciales. Los escribidores y letrados de estos grupos escriben sobre realidades lejanas, y ajenas a estas tierras. Lo nuestro mejor dejar enterrado y si es posible olvidado.

Para nosotros el 11 de enero fue un acontecimiento más en nuestra larga memoria, de masacres, discriminaciones, humillaciones, destrucción de comunidades (y nacimiento de latifundios), destrucción de culturas y pueblos. En esa memoria larga el 11 de enero engrosa la historia de resistencia al invasor, al extraño y ajeno a nuestras tierras y culturas. Es la historia de resistencia al lacayo mestizo, que así se odia y odia al país profundo. Es la historia de resistencia a las mentalidades tradicionales anti liberales, anti democráticas y anti indígenas. Es la historia de resistencia a las destrucciones y al saqueo continuo de nuestras riquezas y nuestras riquezas culturales. Hoy esas mentalidades se disfrazan de demócratas para destruir los avances y conquistas de nuestros pueblos. Esas mentalidades arcaicas y cavernarias que dicen representar a la civilización occidental, son destructivas y no se identifican con nuestras historias. Sueñan con otras civilizaciones, con sus civilizaciones.

Pues con el 11 de enero se cae la mentira de una Cochabamba integrada y mestiza. Se cae la mentira ideológica de la Cochabamba de la integración. Semejante mentira manejada y utilizada para encubrir lo pigmentocrático y racista, por los grupos de poder oligárquicos y extranjeros nunca fue sostenible en la realidad. Los apellidos y linajes de estas familias son elocuentes. Esas mentalidades conservadoras y anti indígenas manejaron desde siempre esta falacia de lo mestizo, precisamente para distinguirse en sus intereses contra lo indígena. El 11 de enero marca una pauta sin embargo. Quizás sea también el momento para pensar en lo intercultural, desde nuestras culturas; pero bajo la premisa de reciprocidades y respetos mutuos: si los extraños y extranjeros quieren quedarse en estas tierras pues tienen que respetarnos. Y respetar nuestras costumbres, leyes y mentalidades. Lo contrario nos llevará inevitablemente a la defensa, es decir a rescatar lo nuestro. Eso en cualquier parte del mundo es legítimo.

El 11 de enero lamentablemente repitió el rito de sangre, componente clásico de nuestras historias. Murieron indios y un joven inocente citadino. A los indios ni siquiera les recordaron con algo de flores. Las historias oficiales jamás recordarán a nuestros muertos. En fin, también conocemos de esos olvidos. Las mentalidades pigmentocráticas siguen latentes, con su sed de sangre y venganza. Dependerá de nuestros esfuerzos para no permitir el regreso de esas mentalidades, ajenas y extrañas a nuestras culturas.

                                                                                Cochabamba, 11 de Enero de 2012.




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