Max Murillo Mendoza
El TIPNIS ha desnudado muchas cosas: caretas de todos los camaleones que siguen esperando la oportunidad para derrotar, política, social, económica e ideológicamente al proceso de cambio. Camaleones que fungen hoy en comités cívicos de articuladores del “civismo”, de asesores en distintos grupos políticos tradicionales pero con otros apelativos ciudadanos. Camaleones que fungen como “analistas políticos”, cuando su único objetivo es el de ser articuladores y serviles de los intereses anti indígenas en Bolivia. Camaleones en distintos grupos medio ambientales y racistas de clase media, que nada entienden de nuestras realidades, sino de modas pasajeras acorde los financiamientos exteriores para seguir lucrando a nombre precisamente de nuestras realidades. El TIPNIS es simplemente la bandera ocasional para manifestar sus intereses y manipular políticamente las aguas a sus corrientes. Nada les interesa, y nunca les interesó sobre los pueblos del TIPNIS. Y no les interesará absolutamente nada, una vez que pase esta oportunidad manipulable del TIPNIS.
Pero es acertado considerar que el triunfalismo del entorno palaciego de Evo Morales, no tiene rumbo. Perdidos como están en sus análisis trasnochados y por allá en el siglo XIX, cuando las revoluciones burguesas y socialistas se repartían las oportunidades de ofrecer un mejor mundo, a sus poblaciones engañadas por los conductores de sus sistemas. No tienen lecturas de nuestras realidades, sino consideraciones estrechas y poco sostenibles. El TIPNIS también desnuda a las claras esas terribles falencias y ausencia de visiones estratégicas. El alejamiento de las organizaciones sociales, y el confinamiento a grupos de “asesores y expertos” palaciegos empieza a cobrar su factura: Evo Morales se entrampa en el poder clásico de la política criolla. Los pasillos del poder empiezan a alejarle de sus bases y organizaciones sociales. Por eso las contradicciones entre la palabra y sus hechos. Para el poder todo es justificable, incluso la traición a las bases.
Ese triunfalismo barato y soberbio tiene sus días contados, si es que realmente no hay ajustes de cuentas extremas, y regreso a las bases y las consultas a las asambleas de las organizaciones sociales. Evo Morales y los “masistas” no son los dueños del proceso de cambio. Esa visión estúpida y triunfalista está dañando estructuralmente el proceso de cambio. Las nacionalidades del TIPNIS y todas las otras nacionalidades, junto a sus organizaciones sociales, les entregaron a Evo Morales y sus acompañantes, el poder en bandeja de plata. Les encargaron la conducción de este sueño. Y de esa misma manera pueden también quitarles si es que ya no son dignos de conducir los destinos de nuestras nacionalidades. Al parecer esa variable política no está siendo considerada por los “asesores políticos” del MAS. Y la movimientización de las organizaciones sociales no es la vía aconsejable, ya sabemos de las consecuencias de esa relación catastrófica, que le costó al MNR el poder mismo, y la muerte de la revolución del 52.
Nada es posible fuera de las organizaciones sociales. Nada puede ser posible fuera de nuestras nacionalidades. Los nuevos y oportunistas partidos políticos que pululan a propósito del TIPNIS, son simples parches clásicos de gente oportunista, que creen que ha llegado la hora de subirse a carro ganador. Son juegos republicanos, quizás los últimos estertores de la política republicana clásica, donde los “pensadores y sabios” tienen que hacer política. Como creen los grupos palaciegos alrededor de Evo Morales. La fortaleza de este proceso son las organizaciones, y nuestra labor debe consistir en seguir al mando de ellos. Todo lo demás son enfermedades coloniales y republicanas, que todas ellas han vuelto a salir a luz pública gracias al error de los “capos” de la política criolla de algunos sectores del MAS. Definitivamente, la reconducción de este proceso depende del retorno de las lógicas de reciprocidad políticas con los movimientos y organizaciones sociales: rurales y urbanos. Evo Morales debe ser curado de ese triunfalismo barato y soberbio, y debe ser alejado de los pasillos del poder colonial y republicano del palacio de gobierno.
Cochabamba, 3 de octubre de 2.011.

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